viernes, 4 de octubre de 2013
Una visión insólita de la justicia y del derecho
Tuve un catedrático de Derecho Administrativo en Zaragoza dispuesto a demostrarnos cuánto podíamos llegar a aborrecer nuestra afición favorita, si la dejábamos en sus manos como materia jurídica de sus clases. En concreto, el derecho deportivo. Este perspicaz jurista, el profesor Bermejo Vera, pergeñó en su despacho el famoso decreto anti-Porta. Los más jóvenes desconocerán al personaje Pablo Porta, pero este señor fue presidente de la FEF en la transición, con elecciones a las que solo se presentaba él, así que resultaba democráticamente inamovible. Esa sensación la aumentaba todas las noches un auténtico reyezuelo de las ondas, el periodista José María García, que le trataba con gran familiaridad, "Pablo, Pablito, Pablete". Acompañados de cariñosos apelativos, extensibles a todos los dirigentes del fútbol mundial, que no parecen haber cambiado mucho: estómagos agradecidos, abrazafarolas, chupópteros, emperadores del comer y catedráticos del beber y otros tantos de este simpático jaez.
Bermejo Vera elaboró aquel instrumento jurídico para echarlo de la Federación. Un portazo reglamentario a Porta, si se me permite el burdo retruécano facilitado por su apellido. No era ni ha sido el único decreto conocido públicamente por un notorio apellido. Aunque las normas, a diferencia de los actos, deban redactarse atentas al principio de generalidad, de manera que regulen supuestos generales y futuribles y no se dirijan a personas y situaciones concretas de modo fraudulento; la tradición legislativa española desdice esta pulcra técnica. A muchos menos les sonará el decreto-ley Aranda. El que fuera dominador de Asturias pedía la monarquía juanista, una vez acabada la guerra. Esa ley tuvo el efecto fulminante de pasar al general Aranda a la reserva. Contraviniendo lo explicado en las aulas, nuestro querido profesor Bermejo se inspiró en la tradición, que como se sabe, es la piedra angular del derecho. Y si me apuran, de la civilización.
Lo que sus alumnos desconocíamos del todo era su frustrada faceta de portero de fútbol. Una buena mañana de los ochenta en la contraportada de El País aparecía su foto, bajo la portería de un vacío estadio, con corbata y sus gafas de pasta. Encima, un titular: "Mi padre no permitió que me fichara el Barça porque decía que el fútbol es el opio del pueblo". O algo muy parecido. Un opio, que el entorno supremo del fútbol no quiere que se sujete al ámbito del derecho administrativo, para bien de los estudiantes, futboleros o no, y de la felicidad global.
El descenso administrativo del Guadalajara la última temporada consiguió por una parte enojarme, dadas mis simpatías por la afición alcarreña y el trabajo bien hecho de su entrenador Terrazas. Pero tuvo la virtud de que desempolvara los viejos manuales de García de Enterría, ilustre jurisconsulto, fallecido hace apenas unos días. Entre el desconcierto general, al que las noticias de la prensa ayudaban mucho, su primer tomo firmado junto al profesor Tomás-Ramón Fernández, me recordaba la inmediata eficacia de los actos administrativos. Por tanto, las decisiones de la Liga Profesional son eficaces, una vez notificadas o aprobadas por el superior jerárquico, esto es, el Comité Superior de Deportes. O que los recursos no suspenden de suyo, sino muy excepcionalmente, la ejecución de los actos impugnados, cuando pudieran causar perjuicios de imposible o difícil reparación.
Ítem plus, esta pasada semana, dado que Castilla es ancha, nos enterábamos con incredulidad, de un posible devastador efecto mariposa. El simple aleteo de un nuevo Salamanca se puede sentir al otro ancho lado de Castilla, conforme al sorprendentemente atinado proverbio chino. La toda poderosa FIFA, que junto al COI, son tan refractarios a la acción del Derecho como el viejo clan de los hermanos Malasombra, amenazan con expulsar a la federación castellano-leonesa y a la española del Olimpo redondo, si no se saltan el capítulo de la Constitución que obliga a "cumplir las sentencias y demás resoluciones firmes de los Jueces y Tribunales". Aplicar el perverso ordenamiento jurídico español, a juicio de Blatter, hasta nos podría dejar fuera de Brasil, a pesar del mérito constitucional probado de Iniesta, de Casillas y del portero suplente.
Difícil elección entre la razón y el circo, ya que la FIFA, que no es filfa, es la dueña del circo mundial.
EL ODIOSO JUGADOR NÚMERO TRECE
Aún mayor que el sentimiento de justicia lo es el de injusticia.
"Eso en injusto". Por tanto, el filósofo descreído se pregunta: ¿qué es justicia? Un grito destemplado, un golpe seco sobre la mesa que denuncia subjetivamente la situación personal vivida como injusta. Cuando la subjetividad es la masa no cambia nada. Refuerza su sentimiento con más convencimiento. Somos una comunidad emocional, a ver quien es el valiente que advierte que el árbitro cuando pita en contra no siempre se equivoca.
En un mundo feliz no haría falta árbitros. De hecho, en la infancia no los hay. En el fútbol callejero de nuestra nostalgia por no haber no había ni porterías. Tampoco existía el fuera de juego con lo que nos ahorrábamos dos árbitros más. Aunque el portero, verdaderamente vivía muy fuera de juego, como algún otro gordito defensa o delantero centro, si se lo permitían y aprovechaba como caído del cielo el balón que con solo rozarlo acabaría rebasando la imaginaria puerta contraria. Tan imaginaria como el larguero que tenía la virtud de bajarse, a juicio de los defensas, ante un chut enemigo, o levantarse, cuando aquellos hacían de atacantes. En todo caso, lo hábil era disparar raso, pues rara vez se concedía un gol que sufría el mal de altura.
Basta de añoranzas, tan prolijas en los correos y líos de Internet. En el mundo de adultos hay árbitros como hay inspectores de Hacienda, debido a que nadie rasca su propio bolsillo sino tiene un pistolón, así de figurado, frente a su jeta.
De todas maneras, es buena la figura del árbitro. Si no, a quién echar la culpa de nuestras propias derrotas. El odio al árbitro también refuerza al grupo. Une mucho la muta. Desde el quiosquero hasta los que están arriba de los medios, sirve para que el televidente tenga de que hablar los jodidos lunes en la oficina; sirve para que el especialista, subido al púlpito que le presta la radio o televisión de turno- ¡joder, pero si es un odiado exárbitro!- carraspee para ofrecernos el registro más grave de su voz; sirve para que el hincha que conocemos fuera del estadio, expulse todos sus resentimientos pretéritos y futuros.
Y pienso, con la ayuda de Hobbes, que el hombre es una lengua viperina para el hombre. (Menos mal que el no del todo bien entendido autor no se acordó de la mujer). Las decisiones del árbitro son pasto de discusión. En nada ayudan los jugadores, que como rubios querubines se hacen los suecos, incluso antes de oír el silbato. Por momentos, el fútbol me parece un juego que infantiliza, sus protagonistas tienen la malicia de los niños, que no es maldad sino egoísmo. Lo malo es que los engaños de los futbolistas enciscan a los adultos, que se faltan al respeto y se dejan de hablar por esas niñerías.
Sin embargo, el fútbol no muere, ni se mueve. Ofrece cabezas de turco igual que el sistema. Alimenta al poder que le necesita inseparablemente. Por algo es una cuestión de estado donde no faltan todos sus gerifaltes. Desde el patán al más grande patán.
El árbitro es válvula de muchas frustraciones, incluidas las de ellos mismos, que nunca supieron meter un gol, por falta de puntería o exceso de michelines. En cambio, metidos en su papel la cosa funciona. En inglés se llaman referé, que quiere decir que son la referencia, además la única referencia porque son inapelables. Esto va contra todas las garantías, pero el juego dejaría de ser un juego si invocamos las formales garantías. Dependemos de un único juez que quizás sea abstemio, lo que jamás debería permitirse en las buenas tierras del Ebro y del Duero. ¡Que le vamos a hacer! No dramaticemos y no tendremos que llegar a aplicar los convenios de Ginebra.
Al aficionado se le representa como el jugador número doce, el imaginario dorsal del colegiado es el odioso número trece. Ya que también juega. Lo hace, a su pesar, como cabeza de turco en un mundo irremediablemente injusto.
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http://iusport.com/col/95/blas_lopez_angulo____/
En esta web, podéis contextualizar mis artículos con el affaire de la FIFA y el arbitral.
martes, 2 de noviembre de 2010
Con la mosca detrás del Papa: "Vaticano, S.A."
Pues aquí va la reseña anunciada del libro del margen recién salido a las librerías (1). Por supuesto recoge parte del post anterior e introduce nuevas reflexiones tras su lectura. Ahí va:"El primer pecado de la humanidad fue la fe; la primera virtud, la duda" (Carl Sagan).
Si ponemos en Google "Banco del Vaticano" lo primero que salta a la vista es LAVADO DE DINERO. El banco que se ocupa de todo tiene el piadoso nombre de Istituto per le Opere di Religione, IOR. Recientemente sus barandas han vuelto a las mismas. Su responsable Gotti Tedeschi, parecía el hombre adecuado para regenerar la institución que fundó Nogara en 1942 "libre de consideraciones religiosas". Es el hombre del Santander desde hace 18 años en Italia, de misa diaria y cercano al Opus.
Para el profano que les escribe la perplejidad es múltiple. No sé por donde empezar. Veamos, tal vez, por seguir el orden de la oración, analicemos el sujeto.
Banco del Vaticano. ¿Existe una banca dentro del Vaticano? Propiamente, no. A finales del 2009 el Estado del Vaticano, habida cuenta los escándalos financieros de décadas precedentes (en especial la época de Marcinkus y la quiebra del Banco Ambrosiano) y los 5000 documentos secretos que el libro aquí reseñado aporta, decide aplicar la legislación comunitaria sobre la prevención del blanqueo de capitales. Pues bien, los términos del acuerdo no son sencillos:
"(...) Deberá comprometerse igualmente a adoptar toda la legislación comunitaria bancaria y financiera pertinente cuando se cree un sector bancario en la Santa Sede, si esto sucediese".
¿Qué es entonces el IOR? ¿Y los más de 5000 millones de euros de sus cuentas? (Véase pág. 248 y siguientes). ¿Son para pías causas? ¿O vienen alimentando dictaduras, rebeliones, golpes de estado e intercambios con las mafias, por aquello de que el dinero non odet, no huele? En la práctica es una entidad de crédito incluso con una ventanilla real intramuros en el torreón de Nicolás V que concede préstamos y todos los servicios adicionales que demanda su clientela.En este pudor hacia el dinero, que visto el misterio contable de sus balances más parece ocultación, ofrecen una competencia desleal a la altura de los mayores paraísos fiscales: privacidad, generosos intereses exentos de impuestos y la inaccesibilidad de las cuentas escudadas bajo la no injerencia de los demás estados soberanos (2). ¡Un banco offshore!, por usar uno de los anglicismos a los que son tan dados los italianos.
Nos toca ir al predicado: LAVADO DE DINERO, corrobora Google. En el Paraíso, Dante pone en boca de san Pedro estas palabras dirigidas a un ángel. "Si debes errar, que sea por bondad".
Obras son amores y no buenas razones o sermones en este caso. Se sabe de acciones purpuradas que son inversiones bursátiles que datan desde tiempos de Mussolini: balas para el ejército en Abisinia, preservativos también para África. "Si debes errar..." Al menos, a pesar de la incoherencia doctrinal, pueden paliar -bondadosamente estos últimos- los desatinos papales.
Pasado y presente. El pasado no sólo son errores, salvo que se quiera caer en el cinismo de tantos políticos (3) y considerar así la larga lista de crímenes y cadáveres. Sin remontarnos a siglos pasados, sino sólo a las últimas décadas:
Gianmario Roveraro, Juan Pablo I, Giorgio Ambrosoli, Mario Tronconi, Emilio Duchi, Lorenzo Leone, Gabriele Cagliari, Raul Gardini, Emanuela Orlandi y Mirella Gregori, el comandante de la Guardia Suiza Alois Estermann, su mujer Gladys Meza Romero y el vicecaporal Cedric Tornay, Michele Sindona, Roberto Calvi, "el banquero de Dios" et alii. Roberto Rosone, vicepresidente del Banco Ambrosiano, acusó ante los jueces a Calvi de ser el responsable de un atentado contra su vida, en el que resultó muerto un neofascista; el padre Giovanni DaNicola, el mercenario Vincenzo Casillo, Graziella Corrocher, Giuseppe Dellacha, Mino Pecorelli, Antonio Varisco, Boris Giuliano, los cardenales Jean Villot, Sergio Pignedolli, Egidio Vagnosi, Peride Felici y Giovanni Benelli et alii...¿Suicidios, "muertes naturales" por ingerir cianuro o bien a causa de disparos con armas de fuego...?
Tal vez los criminales errores y simonías partan de una Caridad mal entendida. "La caridad cubre multitud de pecados" (primera epístola de San Pedro, cap. 4, 8). Fondos del monseñor de Bonis para "luchar contra la leucemia", "Ayuda a los niños pobres". No consta que se haya dedicado parte del dinero a "obras de caridad" (investigación interna del propio Vaticano).
Sin duda, que la encíclica Caritas in Veritate de Benedicto XVI debe de arrojar mucha luz para su buen entendimiento, si nos tomáramos la molestia de leerla. Cosa que prefiero presumir a comprobar. La misma luz que estas palabras suyas que cito de su época de cardenal para comprender la naturaleza del sujeto de la Oración (gramatical) que venimos analizando:
“Por eso hoy la Iglesia se ha convertido para muchos en el principal obstáculo para la fe. En ella sólo puede verse la lucha por el poder humano, el mezquino teatro de quienes con sus afirmaciones quieren absolutizar el cristianismo oficial y paralizar el verdadero espíritu del cristianismo.” Joseph Ratzinger, Introducción al cristianismo, Salamanca, Sígueme, 1970, pág. 301.
Con más conocimiento de causa podría el hoy Papa ratificar por qué vemos ese "rostro de la Iglesia santa a través de su faz deformada" de la que él mismo hablaba hace 40 años.
Proseguimos la reflexión sobre el sujeto en sí, el Vaticano. Cuando Mussolini reconoció la soberanía de la "Ciudad del Vaticano", el nuevo estado aprobó una ley fundamental(ista) que la reforma del año 2000 no aprovechó para cambiar. Me da que su texto, que es aplicable para el siglo XXI, no responde a los cambios políticos acontecidos después de la caída del Duce en su país y en el mundo:
"El sumo pontífice, soberano del Estado Ciudad del Vaticano, tiene la plenitud de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial".
Decía lord Acton precisamente pensando en estos sucesores del Imperio Romano, a menudo falsos apóstoles, que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente.
En consecuencia, armonizar sus leyes y prácticas con las de la Unión Europea, de la que es inquilina, no parece tarea fácil, por mucha buena voluntad aparente que manifiesten. La prueba son los 23 millones de euros que la Fiscalía de Roma denuncia en la noticia "de actualidad" con que abría esta reseña del libro del periodista Gianluigi Nuzzi.
Para los ávidos de truculencias de espionaje, conexiones con la mafia, etcétera, no esperen hallar sino las inevitables que, cierto, no son pocas (vg: la logia masónica P2 de Licio Gelli, el mafioso Sindona). Al lector le espera más bien una línea farragosa, propia de seguir la pista a gruesos movimientos bancarios. Es lo que tiene investigar este tipo de delitos, y puede que también pecados. Los propiod de un paraíso fiscal.
Queda una pregunta evidente: ¿Cómo tamaña y gravísima documentación llegó hasta el autor? O lo que es parecido, ¿cómo es que la poderosa Iglesia no pudo impedirlo? Un dato. Nuzzi ha trabajado o trabaja -la solapa del libro no lo precisa- para Il Giornale y Panorama, ambas a las órdenes de Berlusconi. Es sabido que este no pasa por sus mejores momentos. Quizá le haya tentado no desperdiciar la ocasión de que a su vecino de la margen derecha del Tíber le suceda otro tanto. Más que nada por precaución propia de vecinos. Al llamado cavaliere le siguen lloviendo lolitas (¡otro que tal baila!) y el mensaje cruzado puede ser diáfano: los sermones y las encíclicas que los cumpla Su Santidad.
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(1) "Vaticano, S.A." de Gianluigi Nuzzi, ed. Martínez Roca, 2010, 19,50€.
(2) Las últimas investigaciones son posibles porque desde 2003 por sentencia del Supremo, los tribunales italianos pueden fiscalizar sus cuentas e incluso bloquearlas como así han hecho.
(3) Por cierto, entre los beneficiados por esas cuentas secretas figura el siete veces presidente Andreotti, gran figura de la Democracia Cristiana, otro que sí cayó en manos de la justicia, el socialista Craxi, y el fundador de la Liga Norte, Bossi.


