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lunes, 26 de noviembre de 2012

La muta: I El escarmiento. II El Botín. III Moriremos nosotros también


Hace unos meses leí un artículo de Sánchez-Ostiz en el que una sola palabra me ha unido racialmente a un escritor del que lamentablemente no había leído de sus más de 50 libros ni siquiera uno. Decía el augusto navarrico: "Une mucho la muta".
Mi afán curioso llegó a preguntarle al autor por la procedencia de esa palabra para mí desconocida. Pensé que hurgaba en el habla de la muga pirenaica con la baja Navarra francesa, pero Miguel, habitante del Baztán, me contestó que no es palabra del vulgo local, sino francesa. Y es casualidad que a los pocos días me encontré con dicha parole infinitas veces. Comenzaba entonces un segundo libro sobre teoría crítica deportiva (más concretamente una crítica teórica del fútbol, de dos autores franceses, Brohm y Perelman, que a este lado de los Pirineos permanecerán intraducibles). En él se afirmaba que las muchedumbres embriagadas por el fútbol son esencialmente "des meutes  guerrières, des meutes de chasse et de lynchage". Repetidamente la palabra tomaba su protagonismo, incluso para denominar las unidades policiales antidisturbios: antiémeutes.
Pero aquí me interesa destacar la prosa periodística de un grande de nuestro tiempo escondida en lo que desde Madrid llaman un diario de provincias:
Une mucho la muta, el olor del acoso, la vista de la presa. El nosotros sale muy fortalecido y el verbo de los cazadores se enciende, aunque sean ladrones, especuladores, abusivos, tramposos en sus relaciones, infractores natos, timadores, chanchulleros... Me conozco a esa sucia tropa, una limosnilla de penitencia y vuelta la burra al trigo, pero ay, el sexo, ay. Robar, bien, disfrutar del sexo, eso no, ni tú ni nadie.
Miguel Sánchez-Ostiz nos va a regalar para estas Navidades, espero, una obra magna, dividida por imperativos comerciales en tres fases: El escarmiento, El botín y Moriremos nosotros también.


Habrá quien piense que es otra maldita novela sobre la guerra civil. Efectivamente, la guerra debería ser cosa del pasado, una página cerrada, sobre todo una página sin vuelta para   toda la humanidad. Sin embargo, más que los grandes proyectos a la gente mediocre le une la muta. Más que la felicidad a la gente frustrada le une la muta. Quien jamás ha metido un gol memorable en ninguna puerta necesita un "nosotros fortalecido", "el olor del acoso, la vista de  la presa".

domingo, 17 de junio de 2012

Amigos prohíbidos: Javier Krahe y Alfredo Grimaldos

Mi amigo desaparecido Óskar Kalvo, alías Otoski, me hace llegar por las redes el veto/kalvario a Javier Krahe en la ciudad manchega de Infantes: "El calvario de Javier Krahe no terminó el pasado día 8, con la absolución por un pretendido delito de atentado contra la libertad religiosa. La acusaciones por su vídeo 'Cómo cocinar a un Cristo para dos personas', juzgado ahora pero grabado en 1978, no fueron a más pero ahora amenazan con interponerse en su carrera de cantautor. El Ay-untamiento (que diría, otro amigo, Riki López) de Villanueva de los Infantes (Ciudad Real) ha negado a una asociación cultural el local que le habían prometido para ofrecer un concierto de Krahe el próximo día 23."
Como ya rozo la ancianidad, con mi vara de "tío", que mis amigos gitanos me han regalado, todo esto me ha transportado a esa villa renacentista donde reposaron los huesos ya cansados de Quevedo, y aún hoy sus cenizas. ¡Qué pena de ediles, digo caciques!
El próximo lunes en Malasaña cerraré los bares con Krahe y malasañeros, ya le preguntaré por esta nueva tropelía, y si hay algo nuevo de interés, os lo comunicaré.
Como decía, ahora quiero recordar otro episodio deshonroso acaecido bajo la jurisdicción de esa villa manchega. Antes que desaparezcan todas las webs pioneras en España que por esa época del pasado siglo albergaron mi denuncia, la paso aquí para que no perezca:
http://www.nodo50.org/derechosparatodos/DerechosRevista/Derechos1-Albadalejo.htm
También la foto del Krahe para la ocasión me ha recordado al ingenioso manchego Alonso Quijano, más conocido como el caballero andante don Quijote de la Mancha:
El mendrugo de Gutiérrez Aragón despreció el ofrecimiento del amigo Krahe para interpretar al más distinguido manchego de todos los tiempos. Culpa in eligendo, ya su mediocre resultado para la serie televisiva se resintió ab initio.
En cuanto a mi otro amigo Alfredo Grimaldos, qué decir, sino que así se administra la justicia en este reyno donde prevalece el fingido honor sobre los más execrables crímenes de guerra, entiéndase la nuestra en el cortijo del Noroeste, Galicia.
Mi amigo Alfredo ha sido condenado por decir la verdad, ¡ay, pero!, sin guardar las formas. La causa, el libro de la portada. A nadie en su sano juicio le queda duda de que la familia Rosón fue cacique en su tierra y durante la guerra algo tuvo que ver con la justicia sumarísima o ni eso, la terriblemente extralegal vertida en su dominio y en otros tantos. Entiéndase el eufemismo como ejecuciones sin juicio, en román paladino: asesinatos.
Nunca han sido probadas las acusaciones, vox populi, llegadas desde el pueblo bajo panfletos anónimos de los que el bueno de Alfredo se hacia eco. Por tanto, el honor de los Rosón, como el de los Prizzi, debe permanece incólume -otra iuris fictio- y el periodista Grimaldos condenado a reparar en los principales diarios su osado ultraje. Y mientras todos los historiadores con título o aficionados debemos llorar puesto que los testimonios orales de las víctimas siguen sin valer un higo o una higa. ¿Pruebas documentales exigen? Después de una guerra y una dictadura que alarga hasta hoy sus efectos de impunidad. Esto solo pasa aquí, al paso que sigue aumentando nuestra querida prima de riesgo. Nunca depuramos las responsabilidades ni criminales ni de cualquier calaña y así nos va.
Como corolario ofrezco esta lectura de un bravo historiador, Francisco Espinosa, que ya trató toda esta temática y el caso del que desgraciadamente nos ocupamos:
Callar al mensajero: La represión franquista. Entre la libertad de información y el derecho al honor.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Ante la tumba de mi madre



No encuentro muchas ocasiones en que la palabra sea necesaria. De hecho, los blogs, pero no solo ellos, son abrumadoramente superfluos. Son ríos de tinta los que absurdamente se derrochan en otros medios más considerados. La palabra es necesaria, pocas veces. El género elegiaco ha destacado sobre todo por elevar la inconsistencia de la vida de los mortales a categorías estéticas. Fue célebre el poema mortuorio de Zorrilla en el entierro multitudinario de Larra, curiosamente un día como hoy, y contamos con elegías soberbias como la de García Lorca al torero Sánchez Mejías o la de Miguel Hernández a su amigo Ramón Sijé.
Entre nieves y un paisaje puramente blanco, puramente espiritual, murió mi madre "con quien tanto quería" y quien tanto me quiso. De los momentos más solemnes se apropia el Estado, y en cuestiones de muerte, lo sigue gestionando la iglesia católica, por estos lares. Así, que poco antes de la misa funeral, cuando una de mis hermanas, quizá la más sentimental, me propuso decir unas palabras en la misma, no lo dudé. Y le doy las gracias por ello. Pues nosotros debemos llenar los actos más sentidos con nuestras palabras, y no ellos. Como diría mi viejo amigo León Felipe, al que por su exilio y por diferente edad, siento no haber conocido:
Para enterrar
a los muertos como debemos
cualquiera sirve, cualquiera...
menos un sepulturero.
Me acuerdo de este poema, y la verdad que le viene al pelo casi en su totalidad. Tengo viejos amigos que alguna vez me lo han espetado, tal vez viendo en mi en otros tiempos la imagen idealizada de ese romero del que habla el poeta:
Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo,
ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos,
para que nunca recemos
como el sacristán los rezos,
ni como el cómico viejo
digamos los versos.

La mano ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos,
decía el príncipe Hamlet, viendo
cómo cavaba una fosa y cantaba al mismo tiempo
un sepulturero.

No sabiendo los oficios los haremos con respeto.
Para enterrar a los muertos como debemos
cualquiera sirve, cualquiera... menos un sepulturero.
Después de la homilía era mi turno, en un espacio vedado al pueblo. Porque la palabra nunca le ha pertenecido al pueblo. El pueblo siempre ha estado atrás, lo más alejado de las familias bien, de las capillas nobles y de sus sepulcros. Y sentí la ocasión como verdadera. La homilía del cura fue pulcramente elegida para hablar de la memoria, o tal vez, simplemente del recuerdo del deudo entre sus familiares. Pero como tantas veces sonaba a palabras hueras, el cura funcionario se dirigía a alguien a quien no conoció. En cambio, en el pueblo sí sabian de ella, porque fue una de ellos para los que asistieron al acto. Entonces tomé el micrófono y tuve claro lo que tendría que decir. Mis palabras más o menos empezaron así:
Mi madre estaría muy contenta de haber podido escucharme hoy, primero como cualquier madre, y también por hacerlo en este espacio que coincide con el sentimiento religioso de la mayoría.
Es el momento de recuperar su memoria emborronada por una penosa y terrible enfermedad. Y ningún lugar mejor que este donde creció junto a vosotros. Yo no la vi, pero durante interminables comidas en que no comía escuché de sus labios repetidamente los acontecimientos de su infancia, los cuales atesoraba en un marco rayano con lo mítico desbordando un cariño muy especial hacia su padre y hermano, a los que llevaba la comida y ayudaba en las tarea del campo.
Entonces conté como en los años de excitación popular de la república le llamaban carca y le tiraban los baldes llenos de agua que había cargado pacientemente en la fuente. Añadí ante el cura y en esa misma sede: "Bien que habrían de pagar ellos (me refería, claro está, a los republicanos) poco tiempo después esas trastadas".


Y fruto de mi pasión por aderezar al presente cualquier tiempo pasado, hablé allí como si nada, ante una envejecida y pequeña población riojalteña de la depresión del 29, que por suerte, poco afectó a la vida y economía españolas, sobre todo en el entonces bullicioso ámbito rural. Por contra la guerra, o más bien allí, lejos del frente*, sus consecuencias, determinaron a mi madre que había gozado de esa feliz infancia aquí esbozada y esa mítica Arcadia, y a varias generaciones más, a continuos años de sacrificio y trabajos denodados.
Puesto que la misa no era de mi compentencia no pude describir más detalladamente esas décadas, que hablando de mi madre, hablaban de la gran mayoría que me escuchaba. Que mi madre muerta volviera al lugar donde vivió más intensamente su vida me sirvió para intentar por mi parte iniciar la búsqueda de lo que había sido mi madre, una mujer luchadora e incansable dispuesta siempre a defender a los suyos. En cambio, esa terrible y larga enfermedad han emborronado su imagen. Me reconfortó pensar que en su pueblo natal apenas la han presenciado. A la salida de la iglesia pude sentir el calor y la emoción de todos los que nos acompañaron en esos momentos. La nieve presente desde que llegué a presenciar sus últimos días me ayudó a sentir con más pureza este tránsito. Una leve lluvia guió nuestro últimos pasos.
Espero volver a su pueblo, que también es el mío, y charlar con sus gentes con la asiduidad que solo su larga enfermedad me ha impedido demasiados años.
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"Lejos del frente. La guerra civil en la Rioja Alta" es un libro de Carlos Gil Andrés que recientemente he citado. Invito a mis lectores, sin tampoco olvidarme de mis lectoras, que sientan curiosidad, a clickar en etiquetas de este humilde blog relacionadas con La Rioja o la represión durante la guerra civil. Asimismo a visitar aquellas entradas que tienen que ver con los primeros pasos del mismo, casualmente coincidentes con la muerte de mi padre (ver etiqueta " padre"), o con la misa conmemorativa de su primer aniversario.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Mensaje dentro de una botella (la aldea global)



¡Hombre, don Anselmo! Yo hubiera preferido que me descubriera alguna joven lectora como la Marilyn, ya la ves: leyendo -incluso terminando parece, el Ulises-.
El interlocutor con el que abro este mensaje y cierro el año no es ficticio. De hecho, he recibido un correo privado suyo escrito con cuidada elegancia. Se trata de un vecino de mi más tierna mocedad. Lo dejaremos en la privacy, a pesar de estos tiempos difusos que están borrando o más bien diluyendo la intimidad en una esfera pública, compartida hasta no se sabe dónde...
Este vecino algo mayor que yo, si es que no confundo su identidad, halló en la red una foto escolar colgada por un servidor en este blog en la cual aparecía. No le pedí permiso ni a él ni a los demás niños puesto que en la actualidad andarán ya muy crecidos, tanto que don Anselmo me temo que apunta para sexagenario. Y eso por no hablar de la otra foto de aquel post, donde los niños que posaban junto a Juan Larreta, su maestro republicano, estarán en su mayoría, como es ley natural, criando malvas.
Ya es casualidad que me proponía, tal vez con la nostalgia de estas fechas, tan propicias, ("tan señaladas", que dicen los más cursis) ya que todos volvemos a nuestros orígenes familiares, rescatar dos fotos para este blog, con unos planos cercanos de infantes y mozos en las concentraciones del Frente Popular en la plaza de la Paz de Haro y un año más tarde allí mismo con las banderas del Requeté y de la Falange. Se me ha ido la fotógrafa con sus aparatos al Japón, así que lo pospongo. En realidad me acordé de ellas al ver esta otra (mucho más conocida, ¡dónde vamos a parar! del 14 de abril del 31 en la Puerta del Sol) que colgué recientemente aquí y hoy me doy el gusto de reproducir. Ya ve, unas fotos nos evocan otras, solo que por razones obvias producen mayor impacto las que tienen que ver con nuestro pasado más cercano, con nuestra plaza, esa cuesta de la iglesia que bajábamos en bicicleta con pantalones cortos no precisamente de ciclista, para ciclista, David, el hijo mayor de tu vecina de enfrente, Florinda, la valiente hija del alcalde asesinado. Estábamos en la plaza, los cuerpos de la torre tan sobria, las escaleras del ayuntamiento que lo fueron de las escuelas y servían para fotos como la que fue tomada a Ud. mismo y que ahora nos reúne...


En fin, sabemos que escribir es una actividad solitaria, hasta un punto eremita, de ahí puede que crezca el ejercicio de mi tonsura. Por eso uno agradece mucho que los mensajes metidos en esa botella (ficticia, tópica o real) que los transporta, llegue a destinatarios probables, sobre todo cuando acusan recibo, ¡pero si son ellos parte del texto enviado!, ese papel amarillento, pasados los años que recobra su significado porque algún familiar desde la otra orilla de un océano (a veces real) pone voz a los olvidos más injustos. En esta ocasión me alegra saber que el destino de esa imaginaria botella lanzada después de dos años al océano aparentemente vacío de las palabras haya vuelto junto a la puerta de su casa, esto me recuerda un argumento de una bella historia: la de un joven que para seducir a la niña de al lado de su casa, aunque ya púber más que niña, debía de emprender un largo viaje, tan largo como dar la vuelta al mundo -¡ay, y no quedarse en mis queridas antípodas!- para regresar y entonces sí llamar a su puerta. A veces, sucede que el tiempo transcurrido es tanto que la joven Marilyn deviene sexagenaria (nada extraño por otra parte, puesto que su caballero errante casi también lo es), otras veces sucede, aún peor, que su Romeo debe provisto de flores visitar su tumba.
(Reciba Ud. Don Anselmo un fuerte abrazo, que hago extensivo a todos sus familiares. Si aún está por la Rioja le recomiendo el libro, Aquí nunca pasó nada, La Rioja 1936 de Jesús Vicente Aguirre, ya citado en mi blog del que extraigo las fotos relacionadas con el maestro Larreta y con Ud. mismo; y otro, igual de interesante, Lejos del frente, la guerra civil en la Rioja Alta de Carlos Gil Andrés).

domingo, 7 de agosto de 2011

Una necrológica pendiente: Antonio Ruiz Vilaplana.

Ayer murió víctima de un cáncer Antonio Ruiz Vilaplana, secretario judicial de Burgos, autor de un documento "Doy fe... (Un año de actuación en la España nacionalista)", de gran trascendencia, una vez publicado durante la guerra y aún en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Por poner un ejemplo, tras ser ejecutado Mussolini también conoció la edición italiana, puesto que se trataba de denunciar los atroces atropellos del fascismo, y para ello, los de la España de Franco, venían a ser igualmente significativos. Puesto que el citado libro aporta sin lugar a dudas el dato central de su biografía, que en el fondo no es sino el de la guerra civil, abundaré más adelante sobre él mismo.
En principio, he de aclarar la licencia temporal con la que abría esta necrológica. En ese ayer desde su muerte han pasado justo 38 años. Tantos como los que le tocó vivir bajo el franquismo en el exilio. Por otra parte, ese largo paréntesis de silencio y olvido era absoluto en su caso. Nadie escribió entonces su obituario. Su amigo Finki Araquistain, hijo del socialista Luis Araquistain, sí lo tuvo muerto ya Franco, gracias a la pluma de Víctor de la Serna en las páginas de El País, aunque -todo hay que decirlo- con menos mérito, como no sea este el de verse envuelto en las gestiones de devolución del Guernica, habida cuenta de que su padre fue embajador en París durante la Exposición Universal del 36 para la que se encargó la legendaria obra.
Difícilmente nadie hubiera podido escribir esa memoria. Antonio Ruiz Vilaplana llevaba en Ginebra una confortable vida de funcionario, intérprete de las Naciones Unidas, alejado de los círculos políticos, sin haber vuelto a publicar nada más, salvo un libro reportaje de los exiliados españoles en Nueva York, aparecido en México en 1945, y obviamente, con una limitada repercusión.
En su reciente publicación en España por la editorial Zimmerman, al bosquejar un mínimo apunte biográfico a manera de prólogo -aunque interesantísimo-, así lo hacían constar sus editores. Vilaplana sale de Estados Unidos, tal vez ante la insidiosa presión del macartismo, rumbo a México, puede que en su periplo conociera otros países latinoamericanos, pero insoslayablemente el tiempo y su biografía parecían detenerse en la Suiza de los relojes y chocolatinas, de los lagos y montañas bucólicas…Y eso, a pesar, que de estos clichés se aleja bastante la Ginebra de Calvino, Servet, Voltaire y Rousseau, que contaba además con una ilustre colonia de exiliados españoles, a la que también habré de referirme en otro lugar.
Esta inmensa laguna al fin ha sido cubierta, en parte debido a la reciente visita de sus descendientes helvéticos a Burgos. Cuya invitación fue obra de Carlos Olivares, a raíz de la nueva edición de 'Doy fe…': su éxito local demuestra el gran interés que su figura, y especialmente, su testimonio (el cual no puede valorarse íntegramente sin el análisis biográfico de su autor) siguen despertando 75 años después.
Y si desconocidos eran del todo sus años finales, otro tanto puede decirse de sus primeros, y sobre todo, sus orígenes familiares. Relata su hijo Miguel que Antonio Ruiz Vilaplana era de padre desconocido, si bien de importante posición social. Es posible que Antonio no llegara a conocerle como tal, hecho en la formación de su personalidad de indudable interés. Es sabido que Vilaplana vivió 2 años en Burgos y en anteriores destinos como secretario judicial sin la presencia de su mujer y sus 2 hijos españoles (nos dice Miguel que su consorte era mayor que él, fruto tal vez de un matrimonio “propio de la época”, entendiendo por tal, el de conveniencia). Moviéndonos en terreno tan conjeturable es improbable calibrar el encaje de su vida familiar con el siguiente suceso -en parte trágico, en parte cómico- aparecido en la prensa gallega durante otro agosto, el de 1933. Decía así la breve noticia:
“(El Ferrol). Volcó el automóvil que conducía el secretario del juzgado don Antonio Ruiz Villaplana (síc). Su madre política quedó debajo del coche…Los dos fueron recogidos en lastimosos estado.-Corresponsal.”
(ARV en la Residencia de Estudiantes, delante, Emilio Prados, 1920)
Probablemente, la ausencia paterna en su niñez tuviera que ver con la descomposición de su primera familia, siendo el factor desencadenante la separación forzosa provocada por la guerra civil y su posterior salida a Francia conduciendo un Hispano Suiza vino a fraguar la ruptura definitiva. Vilaplana fue un ávido conductor y gran viajero. Afición esta que le proporcionó gran libertad y le facilitó el trabajo, a menudo, fuera de su residencia familiar.
En un futuro próximo continuaré la indagación sobre su personalidad. Ya que el impacto de su gran obra testimonial: 'Doy fe', en efecto, es prosa notarial y no de la realidad oficial, sino por una vez, elevada a la realidad misma. La lectura de esta obra ignominiosamente secuestrada produce un curioso efecto, en gran parte contradictorio. Necesitamos profundizar no tanto en los crímenes de los que levanta acta -eso por fin forma parte de nuestra literatura e historia abundantísima-; sino en conocer el devenir de su propia vida, él es, a pesar de su inventario fidedigno de atrocidades, "el verdadero protagonista de una novela que permanece con nosotros una vez se ha cerrado el libro". Es lo que a este escribano le pasó hace unos años. "Vilaplana se ha convertido en uno de esos fascinantes autores-personaje cuyo atractivo reside precisamente en esa unión indisociable de vida y obra."
El artículo completo aquí:
http://www.elcorreodeburgos.com/noticias/2011-08-14/antonio-ruiz-vilaplana-apuntes-para-una-biografia-1
Y la 2ª parte:
http://www.elcorreodeburgos.com/noticias/2011-08-15/antonio-ruiz-vilaplana-apuntes-para-una-biografia-2

jueves, 7 de enero de 2010

Foto de una guerra


Esta foto despierta todas mis ternuras, puede que no se vea bien. Precisamente porque es de otra época, sin embargo, tan cerca.
De los años sesenta cuando yo nací, e pur...se remonta a la guerra.
Yo la he visto en un calendario y he pensado: esa maestra, tal vez veinteañera, ni se imaginaba que antes de ella hubo un maestro inquieto al que asesinaron, se sabe que herido, desaparecido...

Aunque sólo sea por corporativismo, maldita palabra para un cadáver, ella, joven, ¿de otro tiempo?, debió pensar en los que la precedieron...

A los acordes de la marsellesa, por fin, se autoriza la manifestación que recorre el pueblo acabando en la plaza con unas palabras del director de las escuelas Juan Larreta. Por el periódico La Rioja (así de siempre conocido, aunque a partir del 36 y hasta los 80 se llamaría "Nueva Rioja") conocemos otros actos de este lúcido orador socialista en un entierro civil, en un primero de mayo, etc. Poco después en Haro, San Vicente, Briones y San Asensio, Cenicero y la Rioja Alta entera se incendia la insurgencia anarquista. Mientras nuestro maestro se ocupa de plantar árboles en la Fiesta del Árbol, de 20 plantas el año anterior a 320. Juan Larreta discursea sobre chopos entre paseos y parlamentos, o más bien, el médico Alejandro Villamor, más conocedor. Sucedió en el mes de marzo del 36, los niños asistían gratis a una sesión de cinematógrafo disfrutando de un bollo con chorizo y naranja. Así llegamos a la última celebración del 14 de abril, por desgracia nadie lo sabía. El director de la escuela, Juan Larreta, habla de la República y de lo que significa el éxito del Frente Popular. "Hizo también atinadas consideraciones a las derechas para que sufran con resignación las consecuencias de la derrota" (¿les suena?). El corresponsal de La Rioja (19.4.36) acaba señalando que el mal tiempo ha sido el único defecto.



El 21 de julio de ese año "convocados por el cabo-comandante del puesto de la Guardia Civil de esta villa, Abel Hernández Lluch (...) en virtud del bando publicado por el Exmo. Sr. General de la 6ª División y Jefe de las fuerzas armadas de la misma, D. Emilio Mola Vidal, en 19 de los corrientes, y al efecto requirió al Sr. Alcalde D. Santiago Ortiz para que en el acto hiciera entrega oficial de la Alcaldía y del Ayuntamiento. El referido Sr. Alcalde D. Santiago Ortiz manifestó que contra su voluntad y ante la fuerza de la Guardia Civil que le requiere en cumplimiento de la citada orden, que no reconoce legal por no proceder del Gobierno legítimo, cesa desde luego en la Alcaldía, haciendo entrega del sello y bastón de mando, que son las únicas insignias que posee de la Alcaldía". Se nombra nuevo alcalde a Pantaleón Cantabrana Ozalla, que era concejal republicano, ¡socialista después!, junto a otros conversos como Antonio Mardones o Matias Ocejo. Inmediatamente después empezaron las detenciones. Comenzando por el propio alcalde.
Los primeros en morir pudieron ser el maestro Juan Eulalio Larreta Larrea y Balbino Sagredo Bezares, antes de que terminara el mes de julio.
En la sesión del 10 de agosto se ha de nombrar un nuevo médico porque D. Alejandro Villamor Angulo, médico de esta villa, ha sido detenido; "así como también el ingreso en la Beneficencia Provincial de los hijos del maestro Director de la escuela graduada de niños D. Juan Larreta Larrea que se encuentran abandonados por desaparición de su padre de esta localidad en uno de los primeros días del movimiento nacional en defensa de España y que los gastos ocasionados se les satisfaga del presupuesto municipal".
Juan Larreta era viudo natural de Pamplona (29-8-1881). Tenía 5 hijos, detuvieron a José Víctor, luego exiliado, y se llevaron a los otros 4 al orfanato de Logroño, la Bene.
Juan Larreta fue maestro en Isaba hasta 1922, "año en que fue trasladado a Treviana debido a que las actividades extraescolares del maestro progresista no les gustaban a los caciques del pueblo", según sabemos por Asun Larreta, su hija.
Al poco de llegar a Treviana, en 1925, ya era secretario de la sociedad Círculo Trevianés, de la que luego sería presidente (cuyo objetivo era "el recreo y la instrucción" y en cuya Junta, en aquellos años, también se encontraba Santiago Ortiz). Cuando oyó a los requetés leer el bando de Mola intentó llegar a Francia con Heliodoro Villaley, tras despedirse de su hijo mayor José y encargarle el cuidado de los pequeños. No están claros los detalles des su muerte, pero los esfuerzos de su familia les permitieron encontrar en Laguardia (Álava) un certificado de defunción de un "varón desconocido" de unos 60 ó 65 años, que murió " a consecuencia de heridas de armas de fuego" en las primeras horas de la noche del 25 de julio. Su propio hijo José reconoció los datos que aportaba el certificado, incluyendo la ropa, la boina marca "El Zamorano" y una insignia de luto en la solapa que Juan llevaba siempre en recuerdo de su esposa. Sin embargo, no se ha podido encontrar su cadáver. Otros testimonios señalan que fue arrojado por el puente de Briñas al Ebro junto a Balbino Sagredo. Malherido "pasó dos días en el camión hasta morir". Fue suspendido de empleo y sueldo el 25 de noviembre, cuatro meses después de muerto.
Su hijo José fue detenido. Debía confesar que su padre introducía armas en el pueblo....Consiguió huir y pasar a Francia, para volver por Cataluña y alistarse en el ejército republicano y en el Partido socialista Unificado de Cataluña (comunista). Fue enviado a la URSS para practicar como piloto de guerra. Participó en la Segunda Guerra Mundial, en el ejército ruso, para volver nuevamente a Francia donde trabajó encuadrado en el partido Comunista de España al servicio de los maquis.
Nota bene.-
Ayudado de una lupa leo su CERTIFICACIÓN LITERAL DE INSCRIPCIÓN DE DEFUNCIÓN.
REGISTRO CIVIL DE LAGUARDIA, Provincia de ALAVA.
El asiento al margen reseñado dice así: Un varón desconocido.- En Laguardia, provincia de Álava a las diez y nueve horas y treinta minutos del veintisiete de Julio de mil novecientos treinta y seis, ante D. Bienvenido Martinez Garcia, Juez Municipal, y D. Luis Fernandes Perez, Secretario. Se procede a inscribir la defunción de D. un varon Desconocido de mas sesenta a sesenta
y cinco años, natural de... provincia de... hijo de D...y de Dª... domiciliado... (...) que tiene 1,6 metros de talla, grueso, de aspecto artritico, barba canosa, pelo rubio canoso, calva opcipital, viste traje marron rayado, camisa blanca gris a rayas, calcetines nuevos a cuadros café verde y blanco alpargatas blancas nuevas, ojos pardo, insignia de luto en la solapa izquierda de la americana, boina negra en una gorra tiene la marca Angel Perez, El Zamorano de Haro y el traje Ruiz Colina-Pancorbo, fallecio en las primera horas de la noche el día 25 del actual a las ... minutos, a concecuencia de heridas de arma de fuego, según resulta de informe de autopsia, y reconocimiento practicado, y su cadáver habrá de recibir supultura.

(Gracias por la evocación a los testigos supervivientes de esas trágicas fechas y a Jesús Vicente Aguirre, músico, poeta y amigo; autor de "Aquí nunca pasó nada").

martes, 8 de septiembre de 2009

Debió suceder un 8 de septiembre

Hace ahora 5 años publiqué una primera versión de un luctuoso suceso que por fortuna quedó en susto. Hubo una virgen local que sufrió algunos rasguños. Por suerte también la cosa no llegó a más, ya que es de madera. En ese sentido es la única virgen local y podría haber dicho "la" virgen local, que además es la patrona de la localidad donde nací. Esta es la versión definitiva ¡por ahora! La he limpiado un tanto y añadido algún testimonio histórico, como se verá, donde antes mi memoria sólo filtraba rumores. Como sucede con los manuales del nuevo curso, cabe decir que se trata de una nueva edición, revisada, pero no aumentada, sino disminuida. (Espero que en cantidad, no en calidad).

8 de septiembre: "Desde muy antiguo se tienen noticias de esta fiesta de la Virgen, primero en Oriente y luego en la Iglesia universal. Esta festividad, en la que se conmemora el nacimiento de la que habría de ser la Madre de Dios, y también Madre nuestra, está llena de alegría. Su llegada al mundo es el anuncio de la Redención ya próxima. Muchos pueblos y ciudades, bajo diversas advocaciones, celebran hoy a su Patrona."
(http://foros.marianistas.org/calendar.php?s=&month=7&year=2009&do=&c=2)

Como el 8 de septiembre la España de ahora labora en las ciudades, muchos pueblos como el mío la han adelantado a finales de agosto. A mí me parece más práctico y aunque no soy entendido, salvo prueba en contrario de que la madre de Jesús naciera efectivamente un 8 de septiembre, no encuentro motivo de oposición al cambio de la fecha.
En todo caso y yendo a los hechos, de haber seguido siendo un 8 de septiembre no se sabe lo que habría pasado. Si sabemos lo que pasó al lado de la ermita de la Junquera el último sábado de agosto cuando un automovilista con su bólido arroyó a la Virgen. Apenas acababa de iniciar el retorno hacia el altar de la iglesia subida a un carro de ruedas tirado no por bueyes sino por prebostes locales (escribo prebostes porque esta palabra es aún más sonajera para oídos no españoles); cuando éstos huyeron despavoridos saltando por los aires la Junquera, besando el suelo de la carretera, perdiendo su mano, su corona, sus flores y su niño Jesús.
Yo no lo vi, yo esperaba su regreso a la entrada de la villa. Eran las siete de la tarde, comenzaba a caer un sol radiante que debió cegar al conductor, que ni siquiera alcanzó a ver la espalda de la imagen virginal. Los minutos pasaban y se oyeron algunas voces, a las que muchos no dimos demasiado crédito. Hablaban de una catástrofe, de que un coche se había llevado por medio a la virgen y a cuantos la seguían en procesión. Una vecina me hizo un gesto elocuente sobre el inopinado informador. Preferimos no creerle pero el tiempo vino a demostrar que algo sí estaba pasando. Aunque, todos a salvo, el impacto fue muy grande. La gente volvía en silencio, por el arcén, temerosa, sin su patrona.
Devuelta a su morada nos acercamos a contemplarla. Por fortuna, el daño material no había sido muy grande. Pero tampoco tiene demasiada fortuna nuestra virgen de Junquera. Un sábado antes había estado allí mismo contemplando una foto de la original. Porque ella es una pálida copia de la auténtica y bellísima talla de madera policromada del siglo XIV, que está en un museo de Barcelona y que no hace mucho en una exposición regional pudimos ver. (Durante la guerra el párroco, Gaudencio Pedrosa García acusó a los republicanos de quemarla, cuando posteriormente se supo de su nueva ubicación en el museo Marés, a los represaliados se les culpó injustamente del latrocinio y venta. Porque lo cierto es que el incendio de la talla en la ermita fue simulado y sirvió de acusación en los numerosos expedientes de Responsabilidades Políticas. En cambio, el historiador riojano Pérez Escohotado hablaba en un artículo, "Al rescate de Nuestra Señora de Junquera" del precio puesto por "un párroco en apuros" y del ecónomo de un obispado que la convirtieron en pieza de museo, con una indiferencia religiosa más propia de mercaderes. Este comercio a costa de sangre inocente, según algunos testimonios más fundados y menos interesados que las torpes acusaciones de su quema, enriqueció a la familia del cura residente en Espinosa de los Monteros) (1). Por suerte, también esta vez, la factura será más civilizada, en euros, sin una gota de sangre, como bien adelantó el joven párroco al día siguiente.
No me quise perder la homilía del domingo, el día grande. Pero sólo la homilía. Dentro del templo no se cabía, lo que se dice y eso que es bastante amplio. El sacerdote o nuestro cura bressoniano de campagne se hizo esperar. Pasaba de la una de la ya tarde cuando un moderno automóvil se acercó al pórtico de la entrada. Efectivamente, era el cura al que esperaban dentro. Con apostura salió del coche, que como sucede en las películas no se tomó la molestia de cerrar. Con paso resuelto se condujo al interior. Y bajo su estela entré yo. Fue, no quiero contradecirme, momentos antes de su homilía. Habló del don de la vida, que se la debemos a nuestros padres (Yo entendí que sólo se refería a los padres terrenales, pero no soy muy de fiar). Hábilmente enlazó con lo del aborto con lo que yo me transporté al 25 de julio y a Santiago y me pregunté qué coño hacía Zapatero allí. Si había ido a rezar o a aprender. Pero la oratoria del joven cura que no parecía de aldea brillaba y enlazaba ya con el milagro de ayer, pues como milagro calificaba a lo sucedido. Supongo que en sus labios autorizados no se correspondía con una manera exagerada, ni menos vulgar, de expresarse. Tampoco me quedaba muy claro a que se circunscribía: si a la virgen que había parado el golpe y salvado, por tanto, a todos. O a que a la virgen que se había llevado todo el golpe apenas perdió una mano, etc. Entonces me volví a transportar al pasado pero sin salir de la iglesia. Me explico: Me imaginé a don Teodoro que había sido el cura de toda la vida, si bien yo era muy pequeño para saber de él, sino por referencias. Traté de pensar cuál hubiera sido su sermón. Porque don Teodoro si que hubiera echao lo que se dice -y así lo entendemos todos- un buen sermón. Y un sermón de los de antes. Como está mandao. Para empezar don Teodoro era más cura hasta en el nombre, aunque eso no fuera cosa de él, sino de sus padres terrenales, supongo. Digo más cura porque antes un cura era mucho cura en un pueblo. ¡Y qué leches milagro! Don Teodoro se hubiera cagao en Dios y en los que abandonaron a la virgen de Junquera, tal vez haciendo alguna excepción entre los mencionados prebostes, supongo. (2) En fin, como la homilía se extendía más de lo aconsejable –para mí que no tengo costumbre- salí a la plaza y regresé, a mi tiempo y a mi retoño. Eso sí confundido con las palabras del santo varón, que aún resonaban en mí, unas veces para, en efecto, no perder de vista que el atropello lo había sufrido un pedazo de madera, y otras para valorar que aquello era una imagen, aunque copia de otra más bella imagen, que representaba a la virgen María con su hijo Jesús. Y el buen sacerdote había nombrado a Manoli, que lloró ante ese trozo de madera convertido en imagen rota de otra imagen. Y yo vi salir a Manoli, después, aún emocionada. Y regresé a los tiempos estudiantiles que compartí con ella (3).
Y miré la cuesta de la plaza tan corta como antaño me resultaba empinada. Porque ahí inicié mi pasión por la bicicleta. Y recordé todas las carreras que he corrido, muchas veces (salvo cuando venían otras cuestas de la plaza) en la retaguardia, y sin embargo, más seguro que cerrando una procesión sin guardia civiles, que no cerraron al tráfico una carretera local. Porque yo corría con los guardiaciviles detrás que me protegían, como después los ertzainas o los gendarmes (4).
A las dos, a la salida de la misa, la plaza se fue llenando como en las buenas ocasiones, los danzadores y danzadoras danzaban, los gaiteros tocaban y yo estaba extraño con mis propios pensamientos, que conmigo sólo iban.
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(1) Testimonio de Florinda Ortiz, hija del alcalde de Treviana, don Santiago Ortiz Güemes, asesinado en la Barranca de Lardero (http://www.represionrioja.com/labarranca/labarranca.htm), recogido en el monumental trabajo aparecido el año pasado“Aquí nunca pasó nada, La Rioja 1936” de Jesús V. Aguirre, el ex-componente del grupo Folk reivindicativo riojano de los años de la transición "Carmen, Jesús e Iñaki". Si de paso os pica la curiosidad, el propio Jesús Vicente habla de aquellos tiempos aquí: http://carjesina.iespana.es/.
(2) He de aclarar si se me permiten las sacrílegas licencias ut supra, que, don Teodoro no fue un cura trabucaire como su predecesor.
(3) Manuela Olalla Ortiz es nieta de don Santiago Ortiz Güemes, el alcalde republicano de los años 30. Lleva el nombre de su abuela y junto a su madre aporta uno de los testimonios más valiosos y emotivos de la obra citada en la primera nota. Al menos es mi sentir.
(4) Al siguiente día de escribir estas líneas leo en la prensa nacional la noticia del atropello por parte de un automovilista que se dio a la fuga de un ciclista que participaba en una carrera de juveniles por tierras también riojanas.
(5) Lo relatado puede verse en el iutú: http://www.youtube.com/watch?v=oVqxfNV9L9I
Siento no haber avisado antes, mentira: ¡es para que me leáis!