
Rubalcaba es un mercenario entregado a la defensa del Estado en sus niveles más ocultos. No pienso de ninguna manera que vaya a alcanzar el grado del mítico Duguesclín, autor de la célebre frase con que parodio el encabezamiento de estas líneas, supuestamente proferida mientras agarraba la pierna de Pedro , llamado el Cruel, en beneficio de su señor, el regicida Enrique de Trastamara, alias el Fratricida.
Volviendo al vasallo Rubalcaba compruebo una vez más que miente más que habla. Y miente cuando dice -¡juraría que simultáneamente!- lo mismo que la orden era legal como que no "existía ninguna instrucción para establecer un cupo de inmigrantes ilegales que detener"(http://www.europapress.es/epsocial/noticia-rubalcaba-niega-hubiera-orden-detencion-cupos-determinados-inmigrantes-20090217184617.html); lo mismo ordena el cese de los cupos, por si acaso: no vaya a ser que existir, existan, como sin ningún empacho dice que de él no había partido la orden ni por lo visto la conocía, pese a que los sindicatos policiales ya se le habían quejado. Y yendo al grano: es falso que Interior haya anulado la orden de practicar detenciones masivas ilegales porque el ritmo de detenciones continúa igual que antes. Me consta –y consta en numerosos autos- que el control judicial de las expulsiones en la última semana no ha bajado en volumen al de los últimos meses. Sólo en la capital madrileña son detenidos a diario y puestos a disposición judicial varias docenas de inmigrantes, que no delincuentes, aunque compartan celdas y tratos más vejatorios.
En buena parte de los casos se trata de residentes con un arraigo más que palmario (muy superior en todo a sus requisitos reglamentarios), que sin embargo no han obtenido su regularización o la han perdido por la propia orientación de la legislación de extranjería, que peca de lo que presume: la integración de los extranjeros: "Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social". Pocas veces el uso de las comillas resulta desgraciadamente tan apropiado.
La perversión del sistema legal es tal que las víctimas se consideran culpables, aun si saber a ciencia cierta cuál es el delito que cometieron. En un tiempo tan dado a abusar de la posición de víctimas, he conocido casos donde son ellos los que se disculpan por su cinismo, como si la solución a sus desdichas hubiera pasado exclusivamente por sus manos.

A este señor tan circunspecto un año atrás le comparé con Martínez Anido, un sicario de cuello duro y abultada hoja de servicios al Estado (http://www.gara.net/paperezkoa/20080113/57471/es/Vuelve-ley-fugas) (1). Podría parecer un exceso, si el actual ministro de Interior y diputado por ¡Cádiz! no estuviera empeñado en demostrar lo contrario. Quién va de exceso en exceso es él. Lleva camino de convertirse en uno de lo más siniestros ministros de todas las épocas. Lo de siniestro no debe confundirse políticamente con el concepto de izquierda: está tan a la derecha como el propio Martínez Anido y bajando a las cloacas del Estado y del mismísimo infierno sin parar hasta encontrarle.
(1) No sabemos si en aquella ocasión batió el récord de sucesivas versiones contradictorias o ha sido en ésta.








Luego aquí no sé si me quería curar un chichón o que ¡diantres! se propondría:
A las dos previo vermú nos fuimos a comer. Y quien me iba a decir que disfrutaríamos de una fritura malagueña en mitad de la sierra de Navalagamella. Además a precios más malagueños que madrileños. Me acordé de que Javier Ortiz probablemente degustaría otra mucho mejor gracias al arte culinario de Charo.


