domingo, 20 de mayo de 2012

Javier Krahe, el último heterodoxo de la España de Menéndez y Pelayo



El próximo lunes 28 van a juzgar a un inocente.

En los juzgados de lo Penal de Julián Camarillo de Madrid por el viejo delito de blasfemia resucitado a tiempo por el vigente código penal de la democracia.
La acusación particular ultrarreligiosa (no así el Fiscal) pide una condena monetaria bastante elevada que apacigue sus supuestos sentimientos religiosos, supuestamente ofendidos.
Puesto a ser castigado Javier preferiría la hoguera, a pesar de oponerse a la pena capital y me imagino que más aún en el hipotético caso de ser condenado.

La hoguera tiene qué sé yo
que sólo lo tiene la hoguera
.

Recuerda Miguel Tomás-Valiente en su gratísimo libro "De mil amores", un más que merecido ensayo sobre las canciones de Javier Krahe, que mientras los condenados a muerte de la nobleza eran ejecutados mediante la decapitación y los del pueblo llano eran ahorcados, la hoguera era el método reservado a los herejes, el más deshonroso. Añade el común amigo Miguel, por cierto homónimo de otro Miguel, Servet, al que Calvino prendió en la hoguera, ¡y menos mal que el ginebrino había criticado los salvajes medios de represión de la iglesia católica!:
Por eso, en una sociedad en que aparentar era tan importante o más que ser (recordemos El retablo de las maravillas), la gente acudía en masa a los autos de fe, que eran pomposos, solemnes y espectaculares; por eso insultaban y vilipendiaban a los sentenciados por la Inquisición: con la pretensión de hacer patentes sus diferencias con los reos.
Por lo visto, queda un buen número de nostálgicos de la Inquisición. Casualmente, en mi última visita a París reparé en el quartier de Montmartre en una estatua levantada en recuerdo de un caballero ejecutado por no haberse desprendido del sombrero al paso de una procesión. Por estos pagos no he visto ninguna estatua por el estilo, y no precisamente porque no se hayan dado sucesos tenebrosamente similares. Ahora bien, como el propio Javier, preferimos la hoguera si al paso que vamos vuelven las ejecuciones.
En fin, tiene mérito esta asociación católica en su empeño por resucitar a un cristo horneado hace ya la friolera de 35 años y difundir un sacrilegio que nunca traspasó la cocina de su amigo Enrique Seseña. Pero todo esto, lo cuenta mucho mejor mi gran amigo y más grande músico, ad maiorem gloriam del Krahe, Javier López de Guereña. Os lo paso.

Hola, amigos. Os pongo al corriente de la situación procesal de Javier Krahe. No es un relato de Kafka, ni una película de Tim Burton. Es la realidad, en diez días. Quien tenga voz, que vocifere.
En 1986 Javier Krahe manifestó su opinión respecto al referendum de la OTAN en forma de canción: "Cuervo Ingenuo". Fue censurado en TVE, anulada su contratación municipal de ese año y vetado en los venideros. Fué uno de los poquísimos artistas relevantes de España no contratado en la Expo de Sevilla. El escándalo fue mayúsculo pero, además de lamentaciones, no recibió el menor apoyo, se quedó solo. Nadie levantó la voz.
En 1977, dos aficionados al cine y devotos de Buñuel, Javier Krahe y Enrique Seseña, realizan su aportación al séptimo arte: un cortometraje en superocho titulado "Diez comentarios". Uno de los episodios, "Sobre la Cristofagia", es un chiste en el que se propone una receta de cocina ya que los católicos -según su propia doctrina- se comen el cuerpo de Cristo crudo.
El experimento no trasciende el ámbito doméstico.
En 2004, Krahe -60 cumpleaños- es sujeto de homenaje por una parte sustancial de artistas musicales, plásticos y literarios. Llega a enterarse del asunto por ser sujeto pasivo de un documental que llevan a cabo Trincado y Murugarren dentro del mismo proyecto. En la parte biográfica de la película se rescatan (del archivo de Seseña ) las cintas de superocho. Krahe conoce el documental y el disco una vez acabado el trabajo.
Con este mismo motivo Canal Plus le convoca a una entrevista en "Lo más plus". En el curso de la misma se emiten de fondo unas imágenes del capítulo en cuestión mientras Krahe es interrogado. No debería ser necesario explicar que un entrevistado muy raramente determina las preguntas ni los fondos musicales o gráficos que acompañan a su entrevista; no fue así desde luego en este caso como Canal Plus reconoce sin ambages.
El caso salta en internet. La exhibición del fragmento por parte de los foros afines a las asociaciones acusadoras paradójicamente amplía su difusión. Aparecen las denuncias por parte de religiosas que copian el modelo proporcionado por los promotores de la acusación. La causa se mueve entre Colmenar Viejo (donde es archivada), recurrida y archivada en Majadahonda y ,de nuevo, por tercera vez recurrida y archivada en Colmenar. Aparece como acusación la Fundación Tomás Moro y, siendo este el único elemento novedoso, un magistrado de la Audiencia de Madrid considera pertinente que esta misma instancia se ocupe del caso.
No hay ni ha habido acusación fiscal, ni ahora ni entonces.
Krahe y Montserrat Fernández -entonces directora del programa- van a ser juzgados el 28 de Mayo a las 12:20 en la Sala de vistas del Juzgado nº 8 de lo Penal de Madrid, sita en la calle Julián Camarillo nº11, segunda planta, por ofensa a los sentimientos religiosos con una petición de multa de 192.000 € para Krahe (inexplicablemente algo menos en el caso de M. Fernández).
Me ahorro los comentarios sobre el delito de ofensa religiosa, sobre los chistes verdes y de curas (tan españoles,tan nuestros) y sobre la imbecilidad reinante.
No está clara la acusación (se sabe que no mató personalmente a Jesucristo -prescrito-): es tal vez la de rodar en 1977 u obligar a emitir a Canal Plus en abierto y a sus espaldas semejante mofa.
Es de esperar que la cordura y la sensatez se impongan y un juez razonable mande al infierno a los demandantes. Aún así sería una vergüenza condenar de nuevo a Javier Krahe al ostracismo (la anécdota jugosa es que en su día el difunto Jesús Polanco se lavó las manos declarándole persona "non grata" en el canal televisivo).
No podemos dejarle solo.

javi.
N.B.De este asunto hace ¡8 años! ya tuve que dedicarle unas líneas, pese al escaso ruido mediático suscitado, debemos seguir. ¡Pobre siglo XXI, a dónde "avanzas"?

domingo, 6 de mayo de 2012

El abogado del caso Almería



Quien sabe si inauguro aquí una serie de artículos (míos) perdidos en la red, en el sentido de desaparecidos misteriosamente. Por suerte, de un viejo disco duro he podido recuperar este que no encontraba por ningún lado, relacionado con el famoso caso Almería.
Llega mayo, tiempo familiar de comuniones, tres jóvenes se disponen a cruzar la península desde Santander hasta el pueblo almeriense de uno de ellos. Ha invitado a sus 2 compañeros de trabajo norteños a visitar el sur y a su familia que celebrará la comunión de la más pequeña de sus hermanas. Os dejo con el texto:

El pasado mes se recordaron en este mismo diario los brutales crímenes del conocido como “caso Almería”: 25 años después, los asesinos siguen impunes.

Si yerro decídmelo pero fue la primera vez en que miembros –al menos tres, aunque había bastantes más- de la Guardia Civil fueron condenados a penas de cárcel por tortura y homicidio. Hasta su expulsión del cuerpo las cumplieron en centros militares y para afrontar su nueva situación cobraron varios millones de los fondos reservados.

Con todo, esta primera condena en buena parte fue debida a la entrega y coraje del abogado de las víctimas, Darío Fernández Álvarez, a pesar de las obstrucciones, amenazas, que llegaron al atentado frustrado, y del vacío del medio profesional y de su entorno.

Por todo ello, creo que se hace acreedor a detenernos un poco en el conocimiento de su personalidad, consagrada por entero al ejercicio de la abogacía en su más noble e incomprendida –tanto como perseguida- expresión.

Pedro Costa, así lo entendió y realizó su primer filme tomándole como protagonista. Su denuncia de El caso Almería (1984), sólo tenía un precedente en España: El crimen de Cuenca (1979) de Pilar Miró que hasta fue secuestrado por un tribunal militar. Pero las referencias del director pueden ir más hacia un cine de denuncia, tipo Z (1968) de Costa-Gavras, en que un juez íntegro investiga el asesinato de un líder pacifista. De hecho, pensó en Jean Louis Trintignant, uno de los actores de ese thriller político junto a Ives Montand e Irene Papas, para dar vida al abogado Darío Fernández. Lo descartó, más adelante, al no convenirle “por el problema del sonido directo” (Entrevista de Carlos Boyero a Pedro Costa, Casablanca, nº 37, enero 1984). En su lugar, un omnipresente por esas fechas, Agustín González, que francamente no tiene nada que ver con el francés, ni tampoco da el tipo con respecto al personaje real, en absoluto carpeto-vetónico, sino más bien con una formación muy cuidada en el extranjero. Supongo que en el mercado nacional no habría mucho donde escoger. Pero yo no voy a entrar en más valoraciones, me imagino que en las videotecas estará la película. Quien sienta curiosidad que la vea y juzgue, si es que en su día no la vio.

Prefiero centrarme en el libro en el que ella misma se basó El caso Almería (1982) de Antonio Ramos Espejo, en concreto, en el capítulo redactado por el abogado y en el propio libro suyo La justicia manchada en España. Reflexiones y vivencias de un abogado (Primera Parte), Darío Fernández Álvarez (2000); aunque no trate el caso, ni me consten otros libros suyos o continuación en que lo haga.

El ABOGADO

“Yo he quedado marcado para toda la vida…El Crimen de Cuenca es un tema que queda en pañales al producirse este caso, ¿verdad? Aquél no fue un crimen en el sentido de que a nadie se mató. Existió, por error, el crimen judicial. Pero, después del caso Almería, el de Cuenca no tiene vigencia.”

Esa era su tensión por aquellos días. Y su obsesión, tenía un nombre: Casasfuertes. Bien barruntaba el verdadero lugar de los macabros crímenes. “Entonces, me puse a visitar aquellos acuartelamientos de la playa, desde Almería, por la zona del Zapillo, hacia el cabo de Gata”. Cerca también de la alquería de las Bodas de Sangre de García Lorca, intuía Darío Fernández estas otras comuniones de sangre entre las comuniones de mayo. Un abogado sobrecogido mientras busca sus rastros. “Me llamó mucho la atención un pozohasta el punto que llegué a cobrar un repeluzno terrible, al estar con la cabeza dentro y ver que se reflejaba una imagen como si fuera la de un brazo, suspendido en el agua…Y hasta estuve a punto de caerme. Esto ocurrió días después de las tres muertes, de haber vivido una experiencia muy fuerte, alucinante.”

Pero se le denegaron pruebas fundamentales para la reconstrucción itinerante de los hechos. Tampoco colaboró ningún profesional, perito o técnico. Sí, solo ante “la belleza de la verdad jurídica”. Ese fue el único aliento que tuvo, los molinos de viento que percibió.

A diferencia del filme, Darío si analiza el miedo ambiental. “¿Porqué ocurre esto en Andalucía? El temor a las represalias: “Oiga, pero es que usted sabe ciertas cosas y me puede colaborar…Si usted dice que ha ocurrido de esta forma, ¿por qué no viene y lo dice delante del juez?” ¿Les suena?

Como tantas veces la verdad necesitaba su tiempo. Hoy la sabemos por una carta anónima de uno de los guardias. Lo presentía el abogado: “Con el tiempo, los guardias hablarán. Sí, sí, sí…como han hablado criminales famosos en la historia”.

Otro momento espeluznante que no podía dejar de recordar fue el de las autopsias: “Yo, que vea ya las torturas de las cañas introducidas en las uñas, el colgarlos de los testículos, como en El crimen de Cuenca, pues que te digo…Para mí esto me deja marcado para toda la vida. Ver los cadáveres en la forma en que estaban, que Faustino apenas pudo reconocer a su hermano…Y si con quince litros de gasolina, los cuerpos podían quedar así…Y además hay muchas evidencias. Entonces, ¿por qué mentir a un país? ¿Por qué tratar de tontos y de ciegos…? Claro, cuentan con la plataforma de que esto siempre ha sido así”.*

LA JUSTICIA MANCHADA EN ESPAÑA

De lo que este abogado ha querido dejar un testimonio más amplio es de toda su dilatada vida profesional. Ha tenido que ser expulsado por enésima vez del Colegio de Abogados para decidirse desde su retiro a poner por escrito sus enseñanzas dirigidas con predilección a los que empiezan. Nada que ver con las “selectos” libros de anécdotas forenses que recogen otros “ilustres” compañeros eméritos.

Él puede dar mejor ejemplo, como cuando prescribe lo siguiente:

“El abogado necesita saborear la adversidad.”

De toda la adversidad del mundo se nutren las numerosas escenas -puede que hilarantes algunas, pero horripilantes las más-. Son heridas abiertas que necesitaba finalmente verter en tinta impresa. Su estilo acusa en ocasiones la pesadez de los estrados y sus experiencias también manchan sus dolorosas líneas por esa hemorragia que jamás podrá curar, pero la verdad de cuanto dice está por encima de todo. Y salvo el caso más notable del magistrado Joaquín Navarro, otro tanto castigado por los de su casta, no abundan entre los profesionales de la Justicia este tipo de libros. Tal vez aquí el crimen sea señalar al criminal, más cuando no anda muy lejos. En ese sentido, la crítica hacia sus propias instituciones que el letrado don Darío Fernández pudo observar en Inglaterra o EE.UU le han servido a él, pero no ha cundido el ejemplo.

Para terminar entresacamos de la narración casuística lo que sigue:

- Una jueza que archiva una causa civil en una vista penal, declara el archivo firme, hace firmar a una procuradora del público y declara en rebeldía al otro procurador al no ser localizado en la ciudad ese día. Después manda detenerle (a él, el abogado) y se va al rellano de la escalera. (Abría que abrir signos de admiración desde la primera línea al menos hasta el final. ¡Hagánlo por mí!) Llega la Guardia Civil avisada por la agente de la Sala. Ella desde la escalera gritaba sus deseos:

-Deténganle.

Pero a cuál de los 4 que había en el banco. Descendió algo la jueza y se hizo inteligible. “Le objeté a la jueza que los juicios o sesiones concluyen con la firma del acta y a ella correspondía suscribirla en primer lugar. Entró en Sala y así lo hizo; después el fiscal y al llegar a mi turno señalé que no podía hacerlo por estar detenido. La situación era excepcionalmente demencial. No firmé en descuerdo radical con el acto que, sin recogerse, denuncié. Apremió a los guardias a detenerme -¿sería esposado en Sala?- sin moverme de mi asiento. No fui esposado y fui llevado andando al Ayuntamiento. Accedimos a la Casa Consistorial y solicitaron al policía municipal que abriera el calabozo para ingresar al preso. El requerido continuó ocupado con la lectura de un periódico y al ser intimado de nuevo para franquear la puerta del arresto les contestó que la abriría cuando trajeran al detenido pues también el abogado estaba esperando. No dio crédito a que el preso fuera yo. Resignado y confundido deslizó la puerta metálica con titubeo. No accedí al interior sin antes solicitarles, en su apoyo, se proveyeran del mandamiento judicial de detención. Se les facilitó y ante su inconcreción interesé del fiscal y de la juez, por medio de tercero, la concesión del habeas corpus. El recado se salvó con nuevo mandamiento en el que exponía la causa: alteración del orden público. En el anterior parecía gravitar la idea indefinida de desacato….

Pedí ser oído en declaración…Le planteé la irregularidad de su intervención al ser juez y parte. Tiempo baldío. Algo se detectó tras el interrogatorio, que me hizo dudar del equilibrio mental de aquella jueza. El dato fue la forma extrañamente amable que me dispensó. Diría que de deseado tono familiar y afectuoso.”

Le confesó su decisión de abrazar la carrera judicial, debida al caso Almería y a la admiración personal y profesional que le profesaba. A esta anécdota, si así se la puede llamar, la titula el sufrido abogado como: TERRORISMO JUDICIAL.

Cuesta buscarlas de verdad, como no sean éstas:

- “Nunca he sentido sobre mí la presión del tiempo en mis actuaciones forenses, por más que haya irritado a la ‘vecindad’. La señora del Presidente de sala retrasaba la comida cuando a su marido le tocaba los juicios conmigo.”

- “Señoría usted acaba de transformar esta sala de Justicia en una sala de conciertos, pero no estoy dispuesto a oír su solo de campanilla. Entonces, con orden de desalojar la Sala, ante la sonora reacción del público, tal instrumento regaló sus mejores decibelios. Esa ‘melódica frase’ y una entrevista de prensa posterior me deparó un procesamiento por desacato.

Siempre me ha acompañado la idea de sentirme tan al lado de mis defendidos, que he tenido que asimilarla a mi propia suerte pues han sido bastantes las situaciones en que, tras defender….acabara, paradójicamente, tras la absolución de mi cliente, procesado yo.”

Será el sino de la justicia, que no necesariamente el signo de la justicia como por ahí transcribe –es otra anécdota- algún mal apuntador.

* Joseba Arregi, detenido durante 9 días en Carabanchel, tres meses antes, moría con el cuerpo destrozado. A varios presos había relatado como fue colgado en una barra sufriendo golpes y quemaduras en los pies y en todas partes. Lo recuerda nuestro amigo Decio Machado en Diagonal nº 32 al denunciar a uno de sus interrogadores, el actual jefe de la Policía Judicial, J. A. Roca.

viernes, 4 de mayo de 2012

75 años de un libro desaparecido durante la guerra: "Con el general Mola" de José María Iribarren

Se cumplen 75 años de un libro maldito. Como lo fueron los hechos que verazmente describe.
El 20 de julio de 1936 se presentó en Capitanía de Pamplona un joven abogado, como escribiente voluntario. Estuvo allí entre papeles y mesas. A la mañana siguiente, el general Mola tuvo que ir a Burgos. Preguntó por "aquel muchacho, abogado, de luto, que había trabajado en su despacho en la tarde anterior", y se lo llevó como secretario particular.
Un aprendiz de Baroja encontró de "golpe" las estampas y escenas que necesitaba para contar la última guerra de sus mayores, apenas iniciada, porque en su intuición algo le decía, que de nuevo aquellas pólvoras iban para largo.
Y nunca los hipócritas del nuevo/Antiguo Régimen le perdonarán su osadía de evocar una nueva carlistada, de hablar de conspiración, de sublevación, sin seguir las consignas oficiales que la vestían con los ropones bendecidos de una moderna Cruzada contra los infieles judeo-masónicos.
El 4 de mayo de 1937 lo editó la Librería General de Zaragoza y a los pocos días fue retirado por orden gubernativa. Su autor, José María Iribarren, tuvo que trasladarse a Salamanca para responder por él ante el Delegado Nacional de Prensa, Manuel Arias Paz, "un hombre pálido, de unos 45 años, de pelo rizado y facciones correctas...Adoptó ante mí una actitud soberbia, suficiente, y un tono conmiserativo de perdonavidas.
- Pero, ¿usted sabe lo que ha escrito?, comenzó por dispararme. ¿Se da usted cuenta de las barbaridades que hay en su libro? Usted -me dijo- merecía estar fusilado a estas horas...
Yo callaba. Arias Paz abrió un ejemplar de mi obra que tenía sobre la mesa, llena las hojas de paréntesis rojos, de tachaduras, y comenzó a hojearlo.
- Habla usted aquí...Aquí en la página 52... y en la 85...y en la 106...Y más adelante..." (1)

¿De qué es lo que hablaba como para fusilarle? Si el propio Mola puso "el marchamo de autenticidad" (pág. 5 del prólogo) de revisarlo y apenas apostillarlo.
Tal vez en que no elevaba a dioses a los guerreros ni a la santidad a sus generales, sino que con afán de novelista barojiano sentía "atracción por lo anecdótico, lo curioso y lo peregrino". Y a que como buen ribereño era espontáneo (el mismo Baroja no nos tenía aprecio por esto a los nacidos cerca del Ebro, y eso que su familia procedía de no muy lejos). El lápiz, a estos solos efectos rojo de censor, no perdonaba su léxico y su temeraria intimidad:
"El 17 (se sublevaron) las guarniciones de Marruecos".
"Ramón Mola le decía a su hermano: ¡No te subleves, Emilio! ¡Por lo que más quieras, no te subleves, que vamos al fracaso!"
Como cuenta magistralmente en también su primer libro "La broma" Milan Kundera, ninguna dictadura permite tomarse las cosas a chanza, ni soltar chascarrillos y menos en boca de sus prohombres ("No pondrá usted los chistes que yo digo...") por tanto, el lápiz rojo no puede menos que ejercer su rigor: "esto no es serio". Sirvan como ejemplo:
- página 88. "Que le den morcilla a Mola". El primer verso del pareado que se coreó por las calles de Madrid el 14 de Madrid del 31 era: "!Ahora, ahora!" No olvidemos que Mola fue director de Seguridad con "La Dictablanda" que sucedió a Primo de Rivera.
- página 185: "Lo más florido de las chicas de Burgos ha acudido esta noche al té ofrecido por el general".
O más bien por la dureza o la terrible realidad del gerundio cuartelero también aparece tachada en la pág. 360 esta frase de Yagüe: "Me estoy cargando a media España".
Aunque el tachón más marcado se halla en la pág. 52, en el relato del episodio en que Mola, dos días antes del 18 de julio, en el monasterio de Irache con Batet, que era su superior y capitán de la región militar del Norte hasta su asesinato, le da su "palabra de honor" de que no iba a sublevarse, cuando ya tenía por fin lista la conspiración tras arduas negociaciones con los requetés de Fal Conde: no en vano fue "El Director" de la misma. Esta felonía desbordaba la lógica y la gloria castrense del censor Arias Paz: o no pudo decirlo un militar; o si lo dijo, no se podía escribir.


En fin, ¿y qué ha sido del autor de ese libro y de ese libro? (Por no hablar del humilde relator que aparece en la foto, ahíto de verduras, léase habas, guisantes, espárragos y alcachofas de la huerta tudelana).
Le habíamos dejado en la Delegación nacional de Prensa, que estaba en el palacio de Anaya en Salamanca. Mientras el duro censor le señalaba las palabras nefandas, las expresiones impropias, las frases tachadas con trazos gordos y rabiosos, Iribarren permanecía callado y consternado. Al paso nervioso de las hojas, sonaron fuera las sirenas de alarma aérea. En otra situación, aquello le habría sobresaltado. Entonces no. Las oyó como quien oye llover. Estaba hundido, anonadado. En su mente solo resonaban las sentencias del cruel inquisidor: que merecía ser fusilado -se lo había vuelto a repetir-, que no escribiese más, que no servía para escritor.
Al salir del Anaya, la actual Facultad de Letras, todavía con sol radiante vio desfilar la procesión del Corpus, camino de la catedral. Por la tarde hubo corrida.
Al día siguiente continuaron las peripecias. A primera hora le despertó la dueña de la pensión, diciéndole que le esperaban dos señores. Dos señores policías que iban a detenerle y registrar sus maletas. Fue conducido a Comisaría, interrogado e incomunicado. Pasó horas angustiosas, pensando lo peor, vio salir una camioneta llena de detenidos. Le llevaron otra vez al bello palacio de Anaya, al despacho del Delegado que ya conocía. No estaba él. Tras un rato de espera, entró Arias Paz y le dijo, sin más explicaciones, que podía irse. Luego supo que la orden de libertad se debió a Mola.
José María Iribarren de vuelta a Pamplona se alejó de la guerra, volvió a la abogacía, pero antes con renovado tesón escribió otro libro sobre el general Mola ante los ojos abiertos de par en par, tanto de la censura civil como de la militar, que le volvieron a señalar en rojo. Y por fin se dedicó a otros libros tan curiosos como entretenidos...(muy exitoso, "El porqué de los dichos", otros costumbristas, entre ellos, me toca más de cerca, "Los flagelantes de la Sonsierra").
Del libro condenado solo se supo porque desmochadas las tapas circuló privadamente. Y lo que aquí se narra se debe al propio ejemplar que conservó el autor. Entre paréntesis rojos chirriaban "las frases que la censura de Salamanca consideró inadmisibles. Todas ellas son ciertas. Yo las oí y las apunté". Es lo que escribió con su pluma estilográfica al margen en las primeras páginas.
Años más tarde redactó unas memorias que nunca han visto la luz. Así se escribe la historia en este país. ¡Con los testimonios directos más genuinos, 75 años después, esperando mejor suerte!
----
(1) "Notas sobre la gestación y peripecias desdichadas de mi libro Con el general Mola." Manuscrito inédito del autor.
* Al curioso lector le invito a acercarse a otro testimonio de la guerra veraz y extraordinario del que ya di cuenta en este humilde rincón.
La televisión vasca recientemente ha emitido un filme sobre Mola, titulado "La conspiración", que paso a visionar. http://www.eitb.tv/es/video/1436385850001

viernes, 6 de abril de 2012

El año del Mirandés

No recuerdo haber hablado aquí de fútbol, a lo más puede que de ciclismo, deporte este último que sí he practicado. En cuanto al llamado deporte rey, pues en la edad adulta lo he seguido con prudente distancia. Un hecho reciente, las gestas del Mirandés en la Copa, me ha hecho prestarle más atención en cuanto ha tenido de fenómeno popular que devolvía por momentos este espectáculo un tanto a sus orígenes fuera del circo mediático y la jaula de oro que lo encierra. Por otra parte, nací a pocos kilómetros de la ciudad homónima del Ebro, a la que he dedicado algún sentido artículo (por cierto, con amplia difusión en las redes). Es esta vertiente social la que me interesa más. Si leéis lo que sigue, comprobareis hacia donde van encaminados mis pasos.
**************************************
Tuvo Miranda una importante judería. En Tudela, Ebro abajo, se conserva una espléndida sinagoga dentro de lo que ahora es su catedral. En cambio, si nos encontramos en el depauperado casco histórico mirandés nos costará algún esfuerzo dar con la propia. Tampoco la podremos visitar: se halla cerrada. Pero no el monumento como tal, sino el bar donde se ubica y que en estos momentos tiene puesto ese ominoso cartel de "cerrado", lo mismo que otros negocios y principalmente las industrias que forjaron durante las últimas décadas un fuerte desarrollo y acentuaron el carácter laborioso de una urbe envuelta entre la llanada alavesa, la vega riojana y la economía vasca.
Si vamos a la otra punta de la ciudad, acudiremos también al desmontaje de una estación en la que paraban todos los trenes que iban hacia el Norte, los que proseguían hacia Francia o los que inversamente se adentraban en la meseta, una vez superado el desfiladero de Pancorbo, camino de Asturias, Galicia o Portugal, o bien hacia la capital o por el corredor del Ebro hacia Cataluña y el Mediterráneo; mientras la hábil propaganda oficial nos vende -o lo hacía antes de los recortes- unas comunicaciones modernas de alta velocidad.
Pues bien, el espejo del fútbol nos devuelve alguna imagen similar. La alta competición por imperativos de como está montado el negocio solo llama a unos pocos al tiempo que los estadios quedan visualmente vacíos, apenas sin aficionados. Y para colmo, muchos son nuevos y más grandes, como esos aeropuertos sin aviones que asolan buena parte de la península, fruto de la fiebre especuladora del cemento y del pelotazo, si se me permite la redundancia ya que hablamos de fútbol.


Como la vieja estación de ferrocarril el campo municipal de Anduva conserva unas instalaciones de otro tiempo con una grada cubierta sin asientos sujeta por vigas de hierro que impiden una completa visión, así como la cercanía del césped dificulta el seguimiento de las jugadas que se desenvuelven pegadas a la banda. Sin embargo, esa falta de comodidad desata la animosidad de una afición única, acostumbrada a seguir al equipo por campos aún peores. Una tribuna que huele a puro barato (¡ay, qué ha sido de los contaminantes humos de la FEFASA!) y a destemplado aguardiente frente al tendido de los asientos de sombra. A falta de un fondo Sur o de un aguerrido fondo Norte las entradas de General conforman un Frente Popular que podría evocar -sus colores rojo o rojinegro ya lo evocan- a la coalición republicana del 36 triunfante en el consistorio mirandés. Y es que el Mirandés a lo largo de su historia se debate entre ser cabeza de ratón o cola de león y ha alternado temporadas bregando con históricos como Osasuna, Alavés, Real Unión, Logroñés o el mismo Eibar (al que hace poco derrotó) en pos de conocer la segunda división; con peregrinaciones por la actual tercera devaluada y estadios de regional donde solo su fiel hinchada llenaba las imaginarias gradas.
En los ya famosos cánticos de su afición hay siempre un recuerdo para esos tenebrosos tiempos, porque están muy cercanos: "Había una vez un equipo chiquitito..."
Entonces, ¿qué ha podido pasar para que dentro del ambiente general que mueve el fútbol y la depresión axfisiante del entorno florezca este humilde Mirandés, equipo de moda?
(De moda, puesto que pasada la euforia copera, mantiene una presencia en los medios y sobre todo en las redes sociales superior a bastantes equipos de primera).


Algunas de las respuestas posibles las he esbozado antes. Lo mismo que se desconoce la fuerte personalidad de este enclave norteño por muchos de los que han seguido incrédulos su aventura copera, se ignoran datos en lo tocante a lo puramente deportivo. Por ejemplo, las dimensiones del campo de Anduva son homologables a los mejores estadios de primera, y sobre su cuidada yerba se asienta un esplendor basado en el juego de toque por encima del juego aéreo y de segundas jugadas, más propios de la categoría y de campos de charcos y barro. Para ello, es decir, para contar con los jugadores que lo pongan en práctica, es obvio que se han tenido que hacer las cosas bien. Una fundamental: mantener la autonomía del club en la esfera de sus socios. Es de los pocos clubes españoles que debido a sus saneadas cuentas han podido evitar la forma de sociedades anónimas, no perdiendo su control en manos de aventureros sin escrúpulos que pusieran en peligro su futuro como en equipos vecinos y de más postín ha sucedido.
No conviene olvidar por tanto que la anterior directiva encabezada por Félix Pipaón, cariñosamente conocido como el Pipa, ascendió al club deportivo Mirandés de nuevo a la 2ª B y sentó las bases de un buen equipo profesional al crear el cargo de secretario técnico y nombrar para él mismo a Carlos Lasheras, procedente del arruinado Alavés que ese año aún militaba en segunda. Pero esta incorporación al conjunto rojillo ocurrió dos peldaños más abajo, en tercera, lo que muestra la firme creencia en el proyecto. Empezaron a llegar jugadores asendereados en las nuevas lides y el entrenador que ha demostrado ser el más idóneo para alzar el vuelo: Carlos Pouso.
La enorme decepción que supuso el fallido ascenso a segunda en las postrimerías del definitivo play-off en otras latitudes tal vez hubiera tenido otras consecuencias. Aquí afianzó la buena gestión en todos los estamentos del club y ha dado si cabe más brillo al hecho de llegar a semifinalista en la copa del Rey partiendo desde la categoría de bronce. A este logro histórico se une su primera copa de Castilla y Léon y a poder cerrar la actual liga con muchas posibilidades de quedar primero -también por primera vez- a falta de 5 partidos. Desde luego, Ramiro Revuelta como presidente de la entidad tiene reservado su nombre para inscribirlo en esta gloriosa página. Pero aún falta lo principal, el difícil ascenso. Y cuidar detalles como los que han motivado la salida de Pepe Uslé. Los cuales no han sido aclarados por ninguna de las partes. Mucho mejor que todo ello hubiera consistido en buscar una solución práctica o legal a las desavenencias, más ante alguien que ha estado muy a su lado.
Podrían haber tenido más en cuenta el ejemplo de la plantilla. Carlos Pouso ha conseguido mantener el pulso en dos competiciones de manera que los once que han salido a disputar cada partido han sabido estar a la altura, incluso de la élite: quod erat demonstrandum. Que este equipo viene haciendo las cosas de primera, con una profesionalidad encomiable. ¡Claro que para Pouso debe también existir un equipo titular! Sin embargo, bien por lesiones, sanciones u oportunas rotaciones no lo parece...Hasta tres porteros han guardado la portería de los rojillos con indudable acierto. Siguen con 15 dianas siendo el equipo menos goleado del fútbol nacional. No se llevarán ninguno de ellos el premio Zamora, aunque Nauzet especialmente no quedará lejos.
Ahora bien, en la defensa siempre hay 3 torres, el exprimera Caneda (del Athletic Club), Corral, muy peligrosos también como atacantes, e incluso otro veterano, Aitor Blanco, capaz de meter 2 goles en el propio San Mamés, y otro habitual, Raúl García. En las bandas están Garmendia y Ernesto, pero como este es baja últimamente, hemos visto en esa posición al polivalente Iribas, que esta temporada venía jugando de interior.
En el centro del campo falta el capi Iván Agustín y Nacho Garro, pero el mister cuenta con la seguridad y orden de Mikel Martins, la reciente incorporación de Antonio Martínez, joven valor proveniente del Real Madrid B, la profundidad de Muneta y los recambios de José Ángel y Borrell.
Arriba Mújica lleva un buen número de partidos junto a Alain Arroyo, otro fajador del área al que todavía recordamos en el vestuario "haciendo surfing" antes de salir a Anduva a comerse, o más bien cenarse (por la hora) al Espanyol. Todo un gesto. Lambarri, otro lesionado, fue una pesadilla en el juego aéreo para los defensas de primera de la copa. Rayco, del Rayo, ha venido a cubrir su baja y la de Pablo, y está teniendo minutos para ir haciéndose al juego del equipo. Es también el caso del canterano, Asier Barahona, que en Torrelavega igualmente salió de titular. Falta la estrella, incluso mediática, de este Mirandés, Pablo Infante. Quienes lo reclaman para la selección no exageran como por lo insólito nos puede parecer. Por el rendimiento en esta temporada se lo merece. Es además el pichichi con 6 tantos de la Copa. Solo su pubialgia le limita. Esperemos que en el play-off vuelva a ser determinante. De esta forma este burgalés encontrará definitivamente en Miranda el equipo que le faltó en la capital y el canterano Barahona sería deseable que siguiera creciendo a orillas del Ebro. Puede que así el bar cerrado de la vieja sinagoga reabriera sus puertas, la ciudad recuperara la confianza que por historia le pertenece y los trenes pararan en la estación como siempre. Con destino a segunda y lo que venga.
---
* La foto de portada corresponde al nuevo Malecón de Torrelavega. Muestra lo que digo en el texto: que se han cargado el fútbol modesto, de ahí la rara flor del Mirandés. Un campo nuevo, pero casi vacío y eso que iba el equipo de moda. El de la nueva Balastera de Palencia por lo visto es tan bonito o parecido, pero su equipo está luchando aún más que los cántabros por evitar el descenso.
Este reportaje se publicó en la edición impresa de El Mundo/El Correo de Burgos el 9 de abril. A falta de una versión digital completa en su web, aquí tenéis el contenido (incluso con enlaces:
"hipertexto"), otras fotos y comentarios. También lo podéis leer a través de Facebook o Twitter. Por cierto, alguno de esos "links" los he puesto después. Puede que sea casualidad: el día siguiente al mío, apareció una especie de secuela en el Diario de Burgos. El resto de la semana El Correo Español, ed. de Alava, ha sacado asimismo unos balances hasta la fecha de la temporada del Mirandés que son los que he enlazado, porque avalan con datos lo que expongo sobre las rotaciones, etc.

martes, 27 de marzo de 2012

Recuerdo de Antonio Tabucchi

Ha muerto Antonio Tabucchi, sostiene Pereira.
Sostiene Pereira que mientras estuvo en el instituto italiano llegó a verlo y luego hablar con él unas cuantas veces en sus visitas a Madrid. En cambio, Pereira recuerda con más detalle una bastante especial a inicios del año 2001 en Burgos.
Sostiene Pereira que compartió un fin de semana en el Hotel Corona de Castilla de la calle de Madrid. El señor Pereira asesoraba a una oenegé gitana en asuntos jurídicos y también a la sazón en el premio literario que otorga. Ese año el premio Hidalgo, que así se llama, se lo dieron a Tabucchi en competencia con el premio Nobel Saramago. ¡Qué casualidad, otra vez rivales! -exclamó Pereira.
Antes lo habían obtenido entre otros Juan Goytisolo, muy receptivo con la minoría gitana, y Günter Grass, que también les visitó en alguna ocasión. Como valedor de Antonio, sostiene Pereira, que destacó primero que en sus pequeñas novelas, relatos o cuentos manejaba un italiano muy sonoro y rítmico que frecuentemente le hacían repetir gustoso, y a veces abrumado, su lectura:
"Caro Antonio, senza dubbio i tuoi livri mi hanno provocato lo stesso malessere che la piazza immensa di Santa Croce, la cui eccessiva bellezza soprattutto della chiesa con le pitture giottesche e il chiostro con il crocifisso di Cimabue avevano provocato Stendhal..."
Pereira escribió esas líneas pero no recuerda habérselas mandado.
Sostiene Pereira que además como articulista político mantenía un nervio encomiable. Desde la revista Micromega de Paolo_Flores_de Arcais , dedicó una carta abierta al presidente de su república en plan el Cid de la jura de Santa Gadea (perdonadme la licencia pero evoco Burgos) que en nuestro país no he visto a nadie emular, y mira que nuestro jefe de estado ¡desde hace más de 40 años y toda la corte política nos lo pone fácil!
Que igualmente reprochaba a Azeglio Ciampi, la equidistancia creciente en la "era berlusconi" a la hora de homenajear a los antifascistas, y a Mussolini al mismo tiempo, esto es el 25 de abril, día de la liberación. Algo que les sonará ya que en este solar ibérico es doctrina constante parecida equidistancia del Tribunal Supremo, como hemos podido comprobar con respecto a la deshonrosa absolución del juez Garzón por haberse atrevido a juzgar los crímenes del franquismo, sostiene Pereira.
Un viejo maestro del señor Pereira, Lacasta-Zabalza, catedrático de Filosofía del Derecho (1), ha pronunciado como en él es habitual un certero comentario recientemente.
Y luego, el toscano Tabucchi de alma portuguesa, había escrito un librito/reportaje sobre la persecución de los gitanos en Florencia que le concedió el ¡honor de ser nombrado persona no grata! por el alcalde florentino.
En ese reportaje -con un humor cáustico que ya conocía íntimamente, recuerda Pereira- se reía de la cerrada oligarquía de la capital de los Medici e ironizaba con los convites "artísticos" de sus jerarcas y pasarelas de moda mientras echaban tierra sobre la periferia de los barracones gitanos y perpetuaban el caos de una ciudad empeñada en parodiar el mito de "La Bella y la Bestia", pues mientras los turistas sufren el citado síndrome de Stendhal sus ciudadanos padecen la vulgaridad de la vida cotidiana con un tráfico demencial plagado de ruidos y contaminación.
Sostiene Pereira que también estaba a favor de Tabucchi en una polémica que por entonces mantuvo en Portugal con Saramago acerca de la bondad y hermandad de la lengua portuguesa, donde no quedaba muy claro esa naturaleza para sus colonias pregonada por el Nobel luso. (Aquí nuestro Borbón ha predicado por las Américas otro tanto...) Me ha sorprendido que de aquella refriega no haya quedado ni rastro en el universo de Internet. Hasta la viuda desde la fundación del Nobel, muertos los 2 gallos que picaban en el mismo corral, parece dispuesta a enterrar también el hacha de guerra.
Sostiene Pereira que desconoce hasta qué punto el uno o el otro fingían que no pasaba nada. Lo cierto es que don José en su cuadernos de Lanzarote había vomitado: "No me perdonará nunca haber escrito 'El año de muerte de Ricardo Reis'. Heredero él, como se presenta, de Pessoa, tanto en lo físico... "
Sostiene Pereira que con Umberto Eco protagonizó un debate más sonado, su respuesta dio título a un panfleto que llevaba por título "La gastritis de Platón". El ínclito semiólogo había publicado en “L'Expresso” un artículo con este rezo: “El primer deber de los intelectuales: permanecer callados cuando no sirven para nada”.

“¿Qué debe hacer el intelectual si el alcalde de Milán se niega a acoger a cuatro albaneses? Será perder el tiempo recordarle algunos inmortales principios, porque si no los tiene ya asumidos, a su edad no cambiará de idea leyendo un manifiesto; el intelectual serio [...] debería dedicarse a volver a escribir los libros de texto con los que estudiará el nieto del alcalde”. Y concluye: “haber invocado [al intelectual] su alada palabra hubiera sido como reprochar a Platón el que no hubiera propuesto un remedio para la gastritis”. -Se pregunta Eco-

Tabucchi se indigna por esa renuncia y conformismo.
Con respecto a la educación de los nietos del alcalde de Milán, Tabucchi prefiere “manifestar su opinión para inducir a los electores a no volver a votarle” (pág. 48). En síntesis, que para el autor de Sostiene Pereira,

“La tarea del intelectual (pero también, quisiera insistir, la del artista) es precisamente ésa, querido Adriano Sofri (2): reprochar a Platón el que no inventara el remedio para la gastritis” (pág. 31).


Sostiene Pereira que quiere finalizar esta semblanza, otra vez en Burgos frente al arco de Santa María al volver por el Espolón del teatro Principal, recordando una canción republicana que el bueno de Tabucchi con toda su alma acometió a pleno pulmón. Era tarde y de noche típicamente gélida en la capital castellana. Por suerte, y supongo que debido al poco tránsito, el apacible señor Pereira y el exaltado Tabucchi no terminaron en los calabozos. Recuerda Pereira que esto ya lo había contado por ahí algún año más tarde:

Si me quieres escribir
ya sabes mi paradero,
en el frente de Gandesa
primera línea de fuego.

Y seguía el señor Pereira con voz aún más tronante:

Tercera Brigada Mixta,
primera línea de fuego.
Tercera Brigada Mixta,
primera línea de fuego.

-------
(1) El catedrático de Literatura portuguesa Antonio Tabucchi fue amigo de otro admirable iusfilósofo, Danilo Zolo. A otro jurista Antonio Cassese, presidente del Tribunal Penal Internacional de la Haya y a Manolo el gitano está dedicada su novela La testa perduta di Camasceno Monteiro, (La cabeza perdida...) basada en un caso de tortura que Tabucchi conoció por la prensa lisboeta. Sostiene Pereira que su amigo Tabucchi interrumpió la novela que esos momentos le ocupaba y compuso la citada obra que posteriormente sirvió para la confesión del policía responsable de la muerte en la comisaría de Camasceno Monteiro, en la realidad, el joven Carlos Rosa. Manolo, el gitano, en cambio, es un personaje de ficción con el que el novelista rinde homenaje a la comunidad gitana entre el idealismo y la nostalgia de los tiempos en que "el pueblo nómada aún poseía caballos". Añade Pereira que su padre fue vendedor de caballos, es posible que Tabucchi haya mitificado en ese Manuel los recuerdos de su infancia en torno a las ferias de ganado presenciadas.
(2) Las argumentaciones de Tabucchi contra Eco nunca se dirigen al autor de El nombre de la rosa, sino que impugna sus ideas a través de unas cartas remitidas a Adriano Sofri, líder izquierdista condenado a veintidós años de cárcel como presunto instigador del asesinato de un policía. Condena que levantó también su voz de alarma contra una justicia y un Estado que induce al recelo y la desconfianza desde el proceso Caserio al asesinato de Aldo Moro, pasando por la masacre de Piazza Fontana.
No es de extrañar que en su enfrentamiento con la Italia de Berlusconi, negada su tradicional tribuna en "" El Corriere della Sera" y también las del grupo de "La Repubblica" acabara verdaderamente exiliado en la patria de Pessoa, sostiene Pereira.
Item plus. Que en las asiduas visitas a Madrid del escritor italiano -quiere añadir Pereira- conoció a su traductor Carlos Gumpert. Al que por cierto compadece como traductor, pues si ya siempre su profesión fue denostada e ingrata, aun es peor la miseria actual del gremio, a la que él mismo no es ajeno. Quiere recordar Pereira un libro de Carlos ("Conversaciones con Antonio Tabucchi" ), en él sostiene Tabucchi: "en un congreso el escritor es el simulacro de sí mismo" "Parecemos todos idiotas, hasta el punto de que uno se pregunta cómo es posible que estas personas hayan sido capaces de escribir un libro". Con lo cual conviene aclarar que su declaración sobre el verdadero conocimiento que él mismo podía tener del autor italiano está condicionado por estas mismas manifestaciones. Conoció, por tanto, al mundanal Tabucchi, no a un íntimo Tabucchi. Pese a lo cual reitera el sentido testimonio del acometimiento nocturno de la popular canción republicana referida más arriba. En absoluto, sostiene Pereira que allí Antonio estuviera actuando, sino que se dejó llevar por una profunda emoción y convicción ciudadanas, que inspiraron buena parte de su obra, de la que es buen ejemplo "Sostiene Pereira".

domingo, 25 de marzo de 2012

2 La vida sigue.



...Y los caminos como los ríos fluyen, se juntan o se dispersan.
No tengo muchas ganas de hablar. Prefiero que lo hagan las fotos. Como ese álbum familiar que se despliega ante el asentimiento fingido de los visitantes. Ustedes son mis invitados, pero no están obligados a mostrar interés ni a prolongar su visita.
En cambio, tal vez yo deba al menos poner el pie a las fotos, para que las fotos no vayan descalzas ni desvalidas.
Estamos en mi tierra. Por el norte llamamos mi tierra y abusamos ad nauseam de esta expresión) al lugar donde hemos nacido como si nos perteneciera. Por eso a los demás se les llama forasteros, y no hablamos de inmigrantes, sino de vecinos de apenas unas leguas.
En la foto de portada se aprecia la entrada a la Rioja del camino de santiago -antes vía romana- por el interior vasco. Caminos que llevan a los espejos del Ebro y al fondo la cordillera ibérica con las sienes blancas, qué pena que la cámara las funda con las nubes amenazantes.
Desde Salinillas de Buradón ("EUSKAL HERRIA ESCONDIDA: La única iglesia paleocristiana")
nos proponiamos enmendar el cerrado meandro que traza el Ebro nada más entrar en la Rioja entre apreturas de riscos que corta. Y lo haríamos como pájaros volando por sus estribaciones.

Menos mal que contábamos con la lección de la profesora Martina para el aterrizaje:

Al bajar a Briñas pasamos por el crucero y humilladero, propios de las afueras de las poblaciones, y que hoy en los viajes fugaces con turismos pocas veces se repara en ellos:

En fin, vale por hoy. Más adelante el Ebro, comme le vent nous emporterá!

------
Excursus. Obituario. Ha muerto Antonio Tabucchi. Desde aquí le dedico un recuerdo. Cuando estuve en el instituto italiano llegué a verle y luego hablar con él unas cuantas veces. Voy a pararme en una bastante especial por varios motivos. Fue a inicios del año 2000 en Burgos. Compartimos un fin de semana en el Hotel Castilla de la Avda. de Madrid. El que lo cuenta, un servidor, asesoraba a una organización gitana en asuntos jurídicos y también a la sazón en el premio literario que otorgaba. Ese año el premio Hidalgo, que así se llamaba se lo dimos a Tabucchi en demérito del premio nobel Saramago. Antes lo habían obtenido entre otros Juan Goytisolo, muy receptivo con la minoría gitana y Günter Grass, que también nos visitó en alguna ocasión. Como valedor de Antonio, destaqué primero que sus pequeñas novelas, relatos o cuentos manejaban un italiano muy sonoro y rítmico que a mí frecuentemente me hacía repetir gustoso, y a veces abrumado, su lectura. Pero es que además como articulista político mantenía un nervio encomiable. Desde la revista Micromega de Paolo_Flores_de Arcais , dedicó una carta al presidente de su república en plan el Cid de la jura de Santa Gadea (perdonadme la licencia pero evoco Burgos) que en nuestro país no he visto a nadie emular, y mira que nuestro jefe de estado y toda la corte política ¡desde hace más de 40 años nos lo ponen fácil!
Y luego había escrito un librito/reportaje sobre la persecución de los gitanos en Florencia que le concedió el honor de ser nombrado persona non grata por el alcalde de Florencia. En él con ese humor cáustico que luego conocí se reía de la cerrada oligarquía de la capital toscana e ironizaba con los convites de sus jerarcas y pasarelas de moda mientras echaban tierra sobre la periferia de los campos gitanos y perpetuaban el caos de una ciudad causante del síndrome de Stendhal a los turistas, pero que el toscano Tabucchi califica de vulgar, ruidosa, sucia y contaminada para sus ciudadanos en una desatrosa parodia de "La Bella y la Bestia".
Pero, lo que tenía que decidir la balanza a favor de Tabucchi era una polémica que por entonces mantuvo en Portugal con Saramago acerca de la bondad de la lengua portuguesa para sus colonias. Mañana os la contaré.
Hasta tanto sigo en Burgos recordando esto que ya dejé por ahí algún año más tarde:
"... al pasar por el arco de Santa Maria, no muy lejos de la que fue residencia del caudillo, yendo al teatro en una noche gélida, Antonio Tabucchi con grito nostálgico evocó una canción de guerra republicana:

Si me quieres escribir
ya sabes mi paradero,
en el frente de Gandesa
primera línea de fuego."

miércoles, 15 de febrero de 2012

Ante la tumba de mi madre



No encuentro muchas ocasiones en que la palabra sea necesaria. De hecho, los blogs, pero no solo ellos, son abrumadoramente superfluos. Son ríos de tinta los que absurdamente se derrochan en otros medios más considerados. La palabra es necesaria, pocas veces. El género elegiaco ha destacado sobre todo por elevar la inconsistencia de la vida de los mortales a categorías estéticas. Fue célebre el poema mortuorio de Zorrilla en el entierro multitudinario de Larra, curiosamente un día como hoy, y contamos con elegías soberbias como la de García Lorca al torero Sánchez Mejías o la de Miguel Hernández a su amigo Ramón Sijé.
Entre nieves y un paisaje puramente blanco, puramente espiritual, murió mi madre "con quien tanto quería" y quien tanto me quiso. De los momentos más solemnes se apropia el Estado, y en cuestiones de muerte, lo sigue gestionando la iglesia católica, por estos lares. Así, que poco antes de la misa funeral, cuando una de mis hermanas, quizá la más sentimental, me propuso decir unas palabras en la misma, no lo dudé. Y le doy las gracias por ello. Pues nosotros debemos llenar los actos más sentidos con nuestras palabras, y no ellos. Como diría mi viejo amigo León Felipe, al que por su exilio y por diferente edad, siento no haber conocido:
Para enterrar
a los muertos como debemos
cualquiera sirve, cualquiera...
menos un sepulturero.
Me acuerdo de este poema, y la verdad que le viene al pelo casi en su totalidad. Tengo viejos amigos que alguna vez me lo han espetado, tal vez viendo en mi en otros tiempos la imagen idealizada de ese romero del que habla el poeta:
Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo,
ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos,
para que nunca recemos
como el sacristán los rezos,
ni como el cómico viejo
digamos los versos.

La mano ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos,
decía el príncipe Hamlet, viendo
cómo cavaba una fosa y cantaba al mismo tiempo
un sepulturero.

No sabiendo los oficios los haremos con respeto.
Para enterrar a los muertos como debemos
cualquiera sirve, cualquiera... menos un sepulturero.
Después de la homilía era mi turno, en un espacio vedado al pueblo. Porque la palabra nunca le ha pertenecido al pueblo. El pueblo siempre ha estado atrás, lo más alejado de las familias bien, de las capillas nobles y de sus sepulcros. Y sentí la ocasión como verdadera. La homilía del cura fue pulcramente elegida para hablar de la memoria, o tal vez, simplemente del recuerdo del deudo entre sus familiares. Pero como tantas veces sonaba a palabras hueras, el cura funcionario se dirigía a alguien a quien no conoció. En cambio, en el pueblo sí sabian de ella, porque fue una de ellos para los que asistieron al acto. Entonces tomé el micrófono y tuve claro lo que tendría que decir. Mis palabras más o menos empezaron así:
Mi madre estaría muy contenta de haber podido escucharme hoy, primero como cualquier madre, y también por hacerlo en este espacio que coincide con el sentimiento religioso de la mayoría.
Es el momento de recuperar su memoria emborronada por una penosa y terrible enfermedad. Y ningún lugar mejor que este donde creció junto a vosotros. Yo no la vi, pero durante interminables comidas en que no comía escuché de sus labios repetidamente los acontecimientos de su infancia, los cuales atesoraba en un marco rayano con lo mítico desbordando un cariño muy especial hacia su padre y hermano, a los que llevaba la comida y ayudaba en las tarea del campo.
Entonces conté como en los años de excitación popular de la república le llamaban carca y le tiraban los baldes llenos de agua que había cargado pacientemente en la fuente. Añadí ante el cura y en esa misma sede: "Bien que habrían de pagar ellos (me refería, claro está, a los republicanos) poco tiempo después esas trastadas".


Y fruto de mi pasión por aderezar al presente cualquier tiempo pasado, hablé allí como si nada, ante una envejecida y pequeña población riojalteña de la depresión del 29, que por suerte, poco afectó a la vida y economía españolas, sobre todo en el entonces bullicioso ámbito rural. Por contra la guerra, o más bien allí, lejos del frente*, sus consecuencias, determinaron a mi madre que había gozado de esa feliz infancia aquí esbozada y esa mítica Arcadia, y a varias generaciones más, a continuos años de sacrificio y trabajos denodados.
Puesto que la misa no era de mi compentencia no pude describir más detalladamente esas décadas, que hablando de mi madre, hablaban de la gran mayoría que me escuchaba. Que mi madre muerta volviera al lugar donde vivió más intensamente su vida me sirvió para intentar por mi parte iniciar la búsqueda de lo que había sido mi madre, una mujer luchadora e incansable dispuesta siempre a defender a los suyos. En cambio, esa terrible y larga enfermedad han emborronado su imagen. Me reconfortó pensar que en su pueblo natal apenas la han presenciado. A la salida de la iglesia pude sentir el calor y la emoción de todos los que nos acompañaron en esos momentos. La nieve presente desde que llegué a presenciar sus últimos días me ayudó a sentir con más pureza este tránsito. Una leve lluvia guió nuestro últimos pasos.
Espero volver a su pueblo, que también es el mío, y charlar con sus gentes con la asiduidad que solo su larga enfermedad me ha impedido demasiados años.
----
"Lejos del frente. La guerra civil en la Rioja Alta" es un libro de Carlos Gil Andrés que recientemente he citado. Invito a mis lectores, sin tampoco olvidarme de mis lectoras, que sientan curiosidad, a clickar en etiquetas de este humilde blog relacionadas con La Rioja o la represión durante la guerra civil. Asimismo a visitar aquellas entradas que tienen que ver con los primeros pasos del mismo, casualmente coincidentes con la muerte de mi padre (ver etiqueta " padre"), o con la misa conmemorativa de su primer aniversario.