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domingo, 7 de agosto de 2011

Una necrológica pendiente: Antonio Ruiz Vilaplana.

Ayer murió víctima de un cáncer Antonio Ruiz Vilaplana, secretario judicial de Burgos, autor de un documento "Doy fe... (Un año de actuación en la España nacionalista)", de gran trascendencia, una vez publicado durante la guerra y aún en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Por poner un ejemplo, tras ser ejecutado Mussolini también conoció la edición italiana, puesto que se trataba de denunciar los atroces atropellos del fascismo, y para ello, los de la España de Franco, venían a ser igualmente significativos. Puesto que el citado libro aporta sin lugar a dudas el dato central de su biografía, que en el fondo no es sino el de la guerra civil, abundaré más adelante sobre él mismo.
En principio, he de aclarar la licencia temporal con la que abría esta necrológica. En ese ayer desde su muerte han pasado justo 38 años. Tantos como los que le tocó vivir bajo el franquismo en el exilio. Por otra parte, ese largo paréntesis de silencio y olvido era absoluto en su caso. Nadie escribió entonces su obituario. Su amigo Finki Araquistain, hijo del socialista Luis Araquistain, sí lo tuvo muerto ya Franco, gracias a la pluma de Víctor de la Serna en las páginas de El País, aunque -todo hay que decirlo- con menos mérito, como no sea este el de verse envuelto en las gestiones de devolución del Guernica, habida cuenta de que su padre fue embajador en París durante la Exposición Universal del 36 para la que se encargó la legendaria obra.
Difícilmente nadie hubiera podido escribir esa memoria. Antonio Ruiz Vilaplana llevaba en Ginebra una confortable vida de funcionario, intérprete de las Naciones Unidas, alejado de los círculos políticos, sin haber vuelto a publicar nada más, salvo un libro reportaje de los exiliados españoles en Nueva York, aparecido en México en 1945, y obviamente, con una limitada repercusión.
En su reciente publicación en España por la editorial Zimmerman, al bosquejar un mínimo apunte biográfico a manera de prólogo -aunque interesantísimo-, así lo hacían constar sus editores. Vilaplana sale de Estados Unidos, tal vez ante la insidiosa presión del macartismo, rumbo a México, puede que en su periplo conociera otros países latinoamericanos, pero insoslayablemente el tiempo y su biografía parecían detenerse en la Suiza de los relojes y chocolatinas, de los lagos y montañas bucólicas…Y eso, a pesar, que de estos clichés se aleja bastante la Ginebra de Calvino, Servet, Voltaire y Rousseau, que contaba además con una ilustre colonia de exiliados españoles, a la que también habré de referirme en otro lugar.
Esta inmensa laguna al fin ha sido cubierta, en parte debido a la reciente visita de sus descendientes helvéticos a Burgos. Cuya invitación fue obra de Carlos Olivares, a raíz de la nueva edición de 'Doy fe…': su éxito local demuestra el gran interés que su figura, y especialmente, su testimonio (el cual no puede valorarse íntegramente sin el análisis biográfico de su autor) siguen despertando 75 años después.
Y si desconocidos eran del todo sus años finales, otro tanto puede decirse de sus primeros, y sobre todo, sus orígenes familiares. Relata su hijo Miguel que Antonio Ruiz Vilaplana era de padre desconocido, si bien de importante posición social. Es posible que Antonio no llegara a conocerle como tal, hecho en la formación de su personalidad de indudable interés. Es sabido que Vilaplana vivió 2 años en Burgos y en anteriores destinos como secretario judicial sin la presencia de su mujer y sus 2 hijos españoles (nos dice Miguel que su consorte era mayor que él, fruto tal vez de un matrimonio “propio de la época”, entendiendo por tal, el de conveniencia). Moviéndonos en terreno tan conjeturable es improbable calibrar el encaje de su vida familiar con el siguiente suceso -en parte trágico, en parte cómico- aparecido en la prensa gallega durante otro agosto, el de 1933. Decía así la breve noticia:
“(El Ferrol). Volcó el automóvil que conducía el secretario del juzgado don Antonio Ruiz Villaplana (síc). Su madre política quedó debajo del coche…Los dos fueron recogidos en lastimosos estado.-Corresponsal.”
(ARV en la Residencia de Estudiantes, delante, Emilio Prados, 1920)
Probablemente, la ausencia paterna en su niñez tuviera que ver con la descomposición de su primera familia, siendo el factor desencadenante la separación forzosa provocada por la guerra civil y su posterior salida a Francia conduciendo un Hispano Suiza vino a fraguar la ruptura definitiva. Vilaplana fue un ávido conductor y gran viajero. Afición esta que le proporcionó gran libertad y le facilitó el trabajo, a menudo, fuera de su residencia familiar.
En un futuro próximo continuaré la indagación sobre su personalidad. Ya que el impacto de su gran obra testimonial: 'Doy fe', en efecto, es prosa notarial y no de la realidad oficial, sino por una vez, elevada a la realidad misma. La lectura de esta obra ignominiosamente secuestrada produce un curioso efecto, en gran parte contradictorio. Necesitamos profundizar no tanto en los crímenes de los que levanta acta -eso por fin forma parte de nuestra literatura e historia abundantísima-; sino en conocer el devenir de su propia vida, él es, a pesar de su inventario fidedigno de atrocidades, "el verdadero protagonista de una novela que permanece con nosotros una vez se ha cerrado el libro". Es lo que a este escribano le pasó hace unos años. "Vilaplana se ha convertido en uno de esos fascinantes autores-personaje cuyo atractivo reside precisamente en esa unión indisociable de vida y obra."
El artículo completo aquí:
http://www.elcorreodeburgos.com/noticias/2011-08-14/antonio-ruiz-vilaplana-apuntes-para-una-biografia-1
Y la 2ª parte:
http://www.elcorreodeburgos.com/noticias/2011-08-15/antonio-ruiz-vilaplana-apuntes-para-una-biografia-2

miércoles, 5 de enero de 2011

Los años borrados (la narrativa republicana entre 1936 y 1939)

Hace unos días he recibido un correo relacionado con los sucesos de Yeste*. A veces ocurre que alguien interesado en algún tema del que he escrito se pone en contacto conmigo, al poco de publicarlo o un lustro después. En este caso en ambos momentos gente con muy diferentes intereses lo ha hecho. El nieto de uno de los numerosos heridos de aquella barbarie me escribe a propósito de su abuelo lo siguiente:

"Vivía en el cortijo de los Chaparros (Arguellite) y segun se conoce en el propio libro, se unieron todos los pueblos y cortijos de la zona, pues el fue uno mas q se unió y cuando se desató el desastre a mi abuelo q intentó huir tambien como el resto de la gente, un guardia civil le disparó dandole en el gemelo de la pierna, mi abuelo se tiró a un lado de la cuneta o camino, no recuerdo lo q era y se hizo pasar por muerto, cuenta q cuando se acercaron los guardias civiles, comentaron q si le pegaban otro tiro y se aseguraban de q lo remataban y determinaron que ese tiro lo guardaban para otra persona...(pensando q estaba mi abuelo muerto) y asi mi abuelo intentó sobrevivir a ese dia...
(He respetado la redacción original hasta donde me ha parecido salvable).
Este mail lo recibí precisamente el día de los Inocentes, si no ese día el siguiente estaba echando un vistazo a un libro que lleva por título La voz de los náufragos de 1997 sobre la narrativa republicana entre 1936 y 1939 (que nadie se moleste en encontrarlo: es prácticamente inasequible en bibliotecas y librerías madrileñas). Pues bien, en él dí sin buscarlo, pero azuzado por ese correo, con un testimonio inmejorable sobre la matanza de Yeste que no conocía, tampoco recuerdo que los historiadores y novelistas que más extensamente se han ocupado de la misma lo citen. Por cierto, tiene esta unos precedentes republicanos coincidentes con estas fechas navideñas: Castilblanco, Arnedo y Casas Viejas.
Lo diré ya. Ese testigo excepcional es el periodista Antonio Sánchez Barbudo de visita en el lugar de los hechos con las Misiones Pedagógicas (a pesar de la carga religiosa del plural sustantivo religioso, se trataban de un maravilloso proyecto educativo laico dirigido a la población rural). Es una suerte que ese documento pueda leerse en esta fuente:
hemerotecadigital.bne.es/Valencia/HoradeEspaña%yeste%20sanchez%20barbudo%22&page=52
Y algo que parece borrado de nuestra narrativa contemporánea es su libro de relatos Entre dos fuegos Narraciones (1937-1938), ¡Premio Nacional de Literatura! La primera de ellas "Días de julio" se ambienta en el abrupto paisaje manchego y serrano de Yeste y varios personajes de su crónica en Hora de España son aprovechados: "Las señoras beatas, el odioso jovencito de la fonda, un muchacho que recuerda al telegrafista y los firmes y recios campesinos". (Apunte recogido en el libro citado, La voz de los náufragos).
Como lo definíó Rafael Dieste pertenece esta narrativa a un grupo de "libros de mirada clara", a una preocupación social que la generación realista de los 50 -llamada despectivamente de la berza- trató de recuperar hasta que Castellet y Barral giraron hacia el experimentalismo y la actual democracia la enterró definitivamente.
¿Casualidades? Que quieren que les diga. Estos mismo días he conocido a los editores José Duarte, Antonio Pérez y Mar Muriana. A través de su colección Exiliados se han propuesto completar la publicación en España de la obra de aquellos escritores del exilio que no ha visto la luz aquí.
Han rescatado la novela La aventura de Marta Abril y otro libro de relatos de Paulino Masip. Una buena antología de estos últimos ya fue editada con la colaboración del Instituto de Estudios Riojanos. Otro tanto está mereciendo el citado Sanchez Barbudo, cuya interesante obra permanece borrada de nuestra prolífica literatura. Por fortuna, sí que se ha recuperado en parte al también periodista Chaves Nogales, (tampoco olvidamos la notoriedad de Ramón J. Sender debida más a su faceta de escritor que de periodista, o de Max Aub, Arturo Barea, Bergamín...; pero poco o nada a Luisa Carnés, Manuel Lamana, Ricardo Bastid, Isabel de Palencia, eugenio F. Granell, Juan Rejano, José Herrera Petere, etc.
Y entregados a ello siguen, con resultados muy sorprendentes: Véase y léase Destierro en Manhattan. Refugiados españoles en Norteamérica, de Antonio Ruiz Vilaplana. Claro que de este secretario judicial y periodista también acaba de reproducirse una edición pirata de su primera obra, escrita en París en el verano del 37, Doy fe...Un año de actuación en la España nacionalista (¡lo que no empece que la distribuya Marcial Pons para magistrados curiosos de las Salesas con prólogo incluido del académico ¡Arturo Pérez Reverte!). Bienvenidas sean, no obstante, todas -y también, insisto, las producidas durante la guerra en (la) España constitucional- en la recuperación de esa narrativa que no debería continuar como ajena o extraña a nuestra propia tradición literaria. La España que representan era entonces la única reconocida por las Sociedad de las Naciones, y era de ley que lo hubiera seguido siendo.
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*NOTA FINAL (dedicada al nieto de Serafín):

Sobre los sucesos de Yeste puedes consultar estas fuentes:
Prensa de la época: http://http//hemerotecadigital.bne.es/sucesos%20yeste

El libro en PDF del historiador Manuel Requena:http://http//www.dipualba.es/IEA/digitalizacion/OBRAS/lossucesosdeyeste.pdf
Un artículo de Juan Goytisolo en El País, 1981. Visita de nuevo Yeste rememorando la ficción sobre los hechos que recreó en Señas de identidad:
http://www.elpais.com/articulo/opinion/ESPANA/FRANQUISMO/cruces/Yeste/elpepiopi/19811117elpepiopi_5/Tes
Un nuevo estudio de Manuel Requena del periodo republicano en la comarca del Alto Segura:
http://www.laverdad.es/albacete/cultura/manuel-requena-publica-libro-