domingo, 25 de enero de 2009

Contestando al autor de “El hombre que mató a Durruti”.



Los sombreros, signo de distinción de los caballeros de una época ya fenecida, primero al gran Otoski le llevaron a su novela y ahora me llevan a mí ante su autor. Discutamos, pues, de sombreros.
En los primeros meses de la guerra y revolución en Madrid por supuesto que no se llegó a una total uniformidad. Lo que si experimentó la vestimenta del personal fue un cambio considerable. Parecido ocurrió en la España rebelde-nazionalista con la proliferación de tantos falangistas de camisa azul o requetés con pistolón al cinto. En Madrid, la gente más acomodada guardó los trajes en el armario, incluidos los sombreros, y hasta prefirió cierto desarreglo, cuando no desaseo. No tengo aquí la novela que le cité de Juan Iturralde, Días de llamas, por lo que recuerdo, recrea muy bien todo aquello. El protagonista es juez y su padre y familia militares de alta graduación. Siempre en una gran capital la indumentaria nos ofrece un abanico coloridísimo, más marcado y variado. Imagínese durante esos días la tendencia: había que echarle un par para salir con la corbata bien puesta, recién duchado, perfumado y el sombrero en su sitio. Don Pedro, no me valen sus numerosas pruebas en contrario. Se trata de burgueses republicanos en su mayor parte tan distinguidos, que pueden permitírselo: ¡el presidente de la República, el president de la Generalitat y su sucesor, el presidente del Gobierno y un ministro! No eran gente de “a pie”, como se dice ahora, ni de encontrártelos a solas por las calles. Suerte tenían que sus retratos sí aparecían en la multitud de periódicos, revistas gráficas y de humor, en suma, reconocibles y reconocidos por las masas (también mítines, actos públicos,….). De lo contrario, se los imaginan apostados con esa guisa de espías de cine negro en la puerta de una ¡checa!...con los milicianos más coléricos, a un paso.
De todas maneras, debo preguntar como acostumbra usted a algún amigo o experto en la cuestión. Antonio Ferres usa sombrero y tal vez sepa algo. Le preguntaré. En estos momentos no que es muy temprano. Ahí en la foto parece que se lo está imaginando: "Ni se te ocurra, joven".

(Antonio Ferres, qué va, es todo un caballero y gran escritor)

* "...Un comandante republicano a quien el ministro le manifestó personalmente haber sido elegido para la investigación del caso Durruti por su “probada confianza y por sus méritos como policía antes de la guerra” continúa en el cuerpo – ¡nada menos que el encargado de la represión!-, vencidos “los recelos de nuevo régimen” (Blas L-A)
Cierto es que el riesgo de ser reconocido sería muy grande, pero aquí jugamos al 50% de posibilidades. O es que sí o es que no. Y salió el que no. (Pedro de Paz)."

Habrá que concederle ese 50 % de posibilidades, aunque si usted se empeña -por el buen final de su trama- también hubiera podido ser “que si” con un 99% de posibilidades. Desde luego que de ser el rostro del protagonista muy conocido habría necesitado del cirujano de Michael Jackson. El problema es que le podrían reconocer muchos colegas del otro bando o pasados ellos sí con mejor suerte y con la furia del converso, ¿no le parece? Más a un tipo con su historial (Policía Gubernativa e inspector de primera clase con Primo de Rivera, 2 condecoraciones, resuelve el célebre “crimen del compañero”, en 1930 se traslada al cuerpo de seguridad de la P.G., etc.), que en “unos meses” recién terminada la guerra, reingresa en el cuerpo de policía.
Por cierto, no se entiende bien como pudo ser “oficialmente dado por desaparecido” a las pocas semanas. A los más se le tendría por no presentado en el cuerpo de seguridad donde estaba en julio del 36 y depurado por su notorio pasado, en todo caso.
Paso a entrar de lleno en los dos asuntos capitales de su apasionante historia.
1) El hombre que mató a Ascaso.
2) El hombre que mató a Durruti.
Porque, casualidad o no, ese hombre mató primero a Ascaso. “O divaga sobre esa posibilidad”. Se trata de una legítima licencia como narrador (por supuesto, toda la razón, Pedro de Paz) que junto a las anteriores bien administradas consiguen un fascinante final. Y olvidadas en parte las anteriores a fe que lo consigue. Su relato es sobrio, preciso (ya ve, puede que hasta demasiado) y avanza derecho hacia ese final.
Otra cosa es que Otoski y yo, devotos de la figura de Durruti, pinchemos en el juguete que tanto nos ha gustado, como dos traviesos niños, para ver lo que de verdad tiene dentro.

“Lo que no está tan claro es ni el momento ni las circunstancias de su salida de las Atarazanas teniendo que remitirnos en exclusiva al testimonio de Pablo Ruiz.”
En la plaza Arc del Teatre el Comité de Defensa local de la CNT y de la FAI instaló su puesto de coordinación. A la reunión del 19 de julio a las 9 horas acudieron García Oliver, Ascaso, Durruti, Gordo y Manzana, como ya recogí. También otros enlaces, concretamente, Belmonte, de Sindicato de la Madera. A ellos se unieron Antonio Ortiz y Aurelio Fernández. Todo esto lo cuenta el poco después ministro de Justicia, García Oliver, en un artículo en Le Libertaire (18-8-1938) “Ce que fut le 19 juillet” y seguramente en sus memorias El eco de los pasos (extremo éste que Otoski le podrá confirmar, puesto que le han regalado la nueva edición de la obra, teniéndola más a mano que un servidor).




En cuanto a testigos presenciales de la muerte de Francisco Ascaso, sucedida aproximadamente 28 horas más tarde, no sólo lo fue Pablo Ruiz, sino también los demás reseñados en mi texto. El supuesto doble infiltrado Manzana y doble cazador sería todo un prodigio si acertó a abandonar el cuartel, no faltar a las reuniones de la plaza Arc del Teatre y regresar a tiempo al cuartel para cargarse, repito, al mismo Ascaso. Más, si tenemos en cuenta que era el punto más caliente de la ciudad, sin duda, por el fuego cruzado. Otrosí: en toda la anchura de la Rambla Santa Mónica, los obreros del Transporte y de la Metalurgia habían levantado una imponente barricada, impidiendo la salida a la tropa de Atarazanas y Dependencias Militares.

“Pues el doctor Bastos miente o bien en el parte médico (que yo no he tenido ocasión de encontrar ni leer y mira que he buscado) o bien en sus memorias ("De las guerras coloniales a la guerra civil: memorias de un cirujano") por que en estas últimas especifica que Durruti presentaba orificio de entrada en el pecho y de salida en el centro de la espalda.”

En efecto, su parte médico se prestaba a posibilitar la hipótesis oficial de la bala procedente de fuego enemigo, disparada desde el Hospital Clínico. De haber reconocido el orificio de salida por la espalda perdía consistencia, habida cuenta la distancia, que fue calculada en unos 6oo metros .

“Yo solamente hice un puzzle novelado con muchas de las piezas que encontré, entre ellas la de un articulista que decía haber hallado, tras muchos meses de investigación, el expediente militar de José Manzana Vivó (…) En cualquier caso, jamás negaré que todo pueda tratarse de un "cuento de viejas", pero... es lo que tiene de bonito la literatura.”
Había visto ese artículo en la red, lo malo que finaliza de manera un tanto sesgada inopinadamente”: “La versión más pulida sobre la muerte de Durruti apunta a un”
Nada he podido leer de su expediente. No sé usted. Claro que para los intereses que persigue un novelista tanto da.
He pasado por alto la alusión a los “dos hermanos falangistas”. Debería responder el amigo Otoski “que es él que metió la pata” o casi mejor que no porque suele abrir demasiados frentes y algunos muy atractivos, como el de la muerte de Muñoz-Seca atribuida a Gálvez.
En cuanto a la primera, como recojo en un anterior comentario he visto la semblanza que sobre los Durruti traza un descendiente en su blog. En ella cita la trágica suerte de su tío Manolo Durruti (él también se llama Manuel Durruti) muerto en el 34 en Asturias. Por cierto, hace unas horas me ha respondido esto, lo pongo para quienes siguieron aquel comentario. Esto no es una novela, pero también la historia es algo, no lo olvidemos, vivido:
"Estimado Blas:
La nieta del sargento manzana no se ha puesto en contacto conmigo.
Le di mi dirección, pero sin respuesta. Pudo ser una broma.
Saludos
Manuel
Tengo el acta militar del asesinato a Pedro Marciano. Fue detenido el sábado y el domingo asesinado. Todo muy rápido."
En cuanto a la segunda y con esto concluyo (¡habremos de poner un límite a nuestra común pasión!), totalmente de acuerdo.
En esto también habría que precisar al querido Otoski que no se le imputó crímenes concretos, (ergo: no se le juzgó por la muerte de Muñoz-Seca) lo que constituye una muestra más de la irregularidad y nulidad total de los sentencias y de los propios tribunales que durante tantos años después de finalizar la guerra funcionaron, eso sí, a pleno rendimiento. Acerca de esto puede leerse en la Wikipedia: “…un Consejo de Guerra el 5 de diciembre de 1939 por «conspiración marxista y otros cargos más» entre los que se contaba «la muerte de varias decenas de monjas», sin especificar, y no se le comunicó la sentencia…”
Tenemos de nuevo un nieto, para nada apócrifo, preguntándose o, más bien, respondiéndose él mismo: Ussía. Pero le puede el rencor, maneja indicios, no pruebas.
El periodista de la C.N.T. Eduardo de Guzmán (que junto a Ramón J. Sender denunció la matanza de Casas Viejas con Azaña en el Gobierno) compartió las checas trocadas de los rebeldes y prisión con el bohemio sonetista/sablista. Fue testigo de sus últimas horas. (Que no fueron en Porlier ni en Yeserías, sino en el más lejano Alto Carabanchel, al lado de donde, poco después, se construiría la cárcel, la misma que apenas un mes se descopuló con precipitación y nocturnidad). Lo cuenta Eduardo de Guzmán en la primera parte de una trilogía publicada en la transición, Nosotros, los asesinos es su título. El testimonio es de primera por la calidad moral e intelectual del memorialista. Gálvez sufría un arrebato místico-religioso, ¡auténtico! Que no exento de lucidez: «Sé que van a matarme, pero no me preocupa gran cosa. Nadie pasa de viejo, y yo lo soy hace muchos años. Todo lo que pueden hacer es ahorrarme unos meses o unas semanas la agonía y decrepitud».
La leí no hace mucho. A Gálvez se la tenían jurada por su exhibicionismo de miliciano chequista. Daban igual las pruebas. Claro que como cuenta Guzmán en su libro era un personaje, mitad santo, mitad vil fementida canalla, con pasaporte lo mismo para el cielo que para las calderas de Botero.

14 comentarios:

  1. Estimado Blas:

    ** El sombrero siempre fue una prenda propia de clases acomodadas, tanto en tiempos de guerra como de paz. Le remití a fotos con sombrero de gente sobresaliente porque son las más fáciles y rápidas de encontrar. De seguir buscando con mayor profundidad, dé por seguro que habría encontrado alguna más -no muchas, cierto- de gente de la calle por que yo las he llegado a ver. Insisto en lo que ya le indiqué en mi anterior comentario: **sin ser una indumentaria de uso corriente** (cuestión que concedo y acepto sin reservas), su uso, aun siendo extraordinario, seguía estando vigente. Item más: encontrarte por la calle a alguien con los "cojones" suficientes para lucir la prenda podía significar que no estabas precisamente delante de ningún "cualquiera" (seguramente de comisario para arriba) lo que tampoco era cuestión de espetarle al susodicho "Eh, tú, ¿quién eres?" así por las bravas. Pero usarse, hastsa cierto punto, se usaba. Verbigratia: no sé quien es el fulano de la foto y probablemente sea una foto posada porque la situación "chirría" que da gusto, pero vea, vea ( http://www.publico.es/resources/archivos/2007/11/8/1194512142532madrid-guerra-civil.jpg )

    En cualquier caso, considero que no deja de ser un detalle trivial con relación al asunto que nos ocupa, bastante más jugoso.

    ** Ante la abrumadora cantidad de precisos detalles y referencia que pone a mi disposición, admito la posibilidad de estar equivocado en cuanto al momento en el que Manzana abandonó Las Atarazanas. Las fuentes consultadas por mí me indicaban que fue después de la muerte de Ascaso. Al parecer, fue antes. Investigaré al respecto. Pero doy por buena su argumentación. Y le agradezco el que me saque de mi error.

    ** "...Había visto ese artículo en la red, lo malo que finaliza de manera un tanto sesgada inopinadamente”: “La versión más pulida sobre la muerte de Durruti apunta a un...”..."

    Pues es una auténtica "putada" (con perdón) porque lo verdaderamente interesante viene justo a partir de ahí. Con su permiso, se lo transcribo ya que yo conservo el artículo original completo (para que no quede demasiado extenso, le transcribo sólo la parte que falta a lo que se puede encontrar en la red)

    "...La versión más pulida sobre la muerte de Durruti apunta a un hombre de confianza: supuestamente José Manzana. Él escoltó el féretro desde la sede de la CNT en Vía Laietana de Barcelona hasta Montjuïc el 22 de noviembre de 1936, en un cortejo que reunió a 250.000 personas y que sirvió a George Orwell para recoger la famosa elegía sobre "la entraña no corrompida del pueblo". La hipótesis está cimentada, pero falta saber qué fue de Manzana, campeón de tiro, después del entierro. Manzana había ingresado en la Columna en Aragón, cuatro meses antes de la muerte de Durruti. "Manzana mató a Durruti", según le dijo a Juan Llarch, Antonio Bonilla, miembro de la Columna en el Frente de Madrid. "En el coche sólo iban el chófer, Manzana y Durruti, y Manzana llegó con el brazo en cabestrillo y con el naranjero al hombro. Cuando le pregunté qué había sido de Durruti, poco después del accidente, me dijo que no estaba, porque había ido a una reunión del comité nacional de la CNT. Le dije que mentía y palideció, La bala que mató a Durruti cuando iba a entrar en el coche, provenía del naranjero de Manzana, que se le deslizó desde el hombro dando en el estribo del coche y disparándose. Si el disparo fue casual o no, es algo que siempre he querido preguntarle a Manzana, pero no lo he visto en los últimos 40 años".

    Trabajando sobre la hipótesis de que Manzana fuese un infiltrado del ejército golpista, este diario ha investigado en los archivos militares de Guadalajara y Segovia y en los legajos de la Escuela Nacional de Educación Física, en las dependencias de la Escuela de Artillería de Toledo. La novedad ahora es que ha aparecido el historial militar del sargento José Manzana Vivó. Nacido en Valencia en 1902, mecánico de oficio, ingresó en el ejército como recluta de reemplazo en 1923; un año después ya estaba en el 12º Regimiento de Artillería Ligera. Su itinerario en el ejército termina en 1935, en el 4º Regimiento de Artillería Pesada, en el que llegó a ser sargento. Manzana, descrito como hombre de 1'73, cejas al pelo, ojos negros, nariz regular, color sano, frente despejada y aire marcial, participó en las campañas de África entre el 11 de septiembre de 1925 y finales de septiembre de 1926, siéndole otorgada la Medalla Militar de Marruecos con pasador de Larache y una Cruz de Plata al Mérito Militar sin premio. Todas las evaluaciones del ejército (valor, aplicación, capacidad, conducta, puntualidad, etcetera) las pasó con buena nota. Participó en varios concursos de tiro nacionales e internacionales y tenía el título de Maestro Tirador de arma corta reglamentaria, otro de precisión y aún otro de revólver. La pista de Manzana en el ejército español termina en 1935 en la guarnición de Barcelona. Falta por saber dónde estuvo entre 1935 y 1936 y, sobretodo, después. En palabras de un general ferrolano retirado, "no es común que un héroe de África se haga anarquista con 34 años".

    Otras huellas de Manzana que ha podido rastrear este diario se condensan a través de conversaciones con dos fuentes que desean permanecer en el anonimato: la primera, cercana a un general leonés ya fallecido, asegura haber visto a Manzana entrar en la casa del militar con la siguiente apostilla general:"Aquí entra el hombre que mató a Durruti". La misma persona asegura tener constancia de que Manzana "recibió una pensión del ejército hasta su muerte", aspecto éste que no ha podido contrastar todavía este diario. La segunda fuente, un viejo funcionario de la Generalitat, asegura haber mantenido contacto con Santamaría, el primer médico que atendió a Durruti, ya fallecido. "Le pregunté si sabía quién mató a Durruti. Santamaría me dijo que hay cosas que es mejor no saber".
    "

    ** "...[A Gálvez] no se le imputó crímenes concretos, (ergo: no se le juzgó por la muerte de Muñoz-Seca) lo que constituye una muestra más de la irregularidad y nulidad total de los sentencias y de los propios tribunales ..."

    Bueno, querido Blás. Yo, desde que descubrí hace muchos años que a los reos se les juzgaba por (ojo al parche y tócate lo cojones, MariaManuela) **"Adhesión a la rebelión"** y que la defensa se limitaba sistemáticamente única y exclusivamente al mero trámite de solicitar "la magnanimidad del excelso tribunal ante las atrocidades llevadas a cabo por el reo", los tribunales franquistas perdieron hace tiempo toda su credibilidad (si alguna vez la habían tenido).

    Estoy pasándolo de miedo con este interesante intercambio de impresiones, amigo Blas. Ahora sólo falta que se nos una el amigo Otoski para tener la "Trinidad" completa. :-D

    Un fuerte abrazo,
    Pedro de Paz

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  2. Lo del sombrero de trivial nada, don Pedro. Una estricta cuestión de clase, por eso lo del anuncio que en la posguerra lo reclamaba. Y refleja el miedo de una sociedad, el terror antes a ponérselo, después a no llevarlo. Ya sabe, “Los rojos no usaban sombrero”, Brave, Montera 6”. Esta cereza-fetiche del sombrero nos ha introducido por obra del espíritu santo de Otoski en el enigma Durruti, pero no es sólo eso. De eso he estado hablando, como le anuncié, con Antonio Ferres. El escritor perteneciente a la generación del medio siglo recuerda la entrada el 28 de marzo de 1939 de la Quinta Columna en Madrid, y me asegura que hubiese sido una provocación, un tipo apostado a la puerta de la checa de Fomento con esa prenda. No me quiero poner pesado, Pedro: si te fijas en la publicidad que ha salido en el post el asunto tampoco es baladí. Trajes de novio, trajes de hombre, sombreros, sombreros y gorras…aprovecha la ocasión para confeccionarte uno, según Otoski te espera el Planeta.
    Lleguemos por fin a un acuerdo: traje, vale. Sombrero ¡no, gracias! Como ve, he puesto la foto que menciona: en trincheras con sombrero. No lo dude, es botín de guerra.

    Caso Ascaso: cerrado. Salvo que encuentre esos otros testimonios o fuentes a las que se refería. De nuevo, Manuel Durruti, sobrino de Buenaventura, amablemente, además de invitarme a coger setas y plantas http://www.derecoquinaria.com/fichagrande.asp?name=Gu%C3%ADa%20de%20hierbas%20arom%C3%A1ticas%20y%20especias&author=Manuel%20Durruti&ID=980
    por León o Asturias, insiste en defender sus (hipó)tesis: “La novela de El hombre... concuerda con datos de hechos que he leído a lo largo de los años. Lo que no sabía era que el sarg. Manzana estaba en el cuartel. Tengo una copia muy defectuosa de la academia de artillería y allí están las condecoraciones. (Etc., etc.,). Resumidamente: “Mi tío molestaba a los políticos del cocido, así que todo era posible.”
    Volviendo al plato fuerte: caso Durruti.
    Mis gracias por aportar la parte “desprendida” o sesgada del artículo, que es la que falta en la versión digital.
    Ese testimonio también lo recoge Abel Paz admitiendo que se trata del más fiable de todos. Lo que se pregunta el autor almeriense es cómo no pudo oír el disparo a solo 20 metros y sin fuego batido, aparte de no indagar más en la zona con respecto a los milicianos que si se percataron “del herido”,aunque no lo reconocieran.
    Maestro tirador, condecorado en África…ya Otoski ha dicho que esas preguntas retóricas coinciden con las que se hace Gª Oliver en sus memorias.
    Benditas todas esa fuentes anónimas…espero que le den para seguir ese historial incompleto del sargento Manzana. Si lo aprueba el espíritu santo de Otoski que descansa el fin de semana. A ver si mañana alcanzamos la santísima Trinidad.
    Nuevamente ha sido un placer, saludos muy cordiales,
    /Blas.

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  3. Un saludo para Blas y otro para Pedro de Paz por haber tenido la deferencia de asomarse a este blog y aclararnos las preguntas que sobre determinados aspectos de su primera novela y sobre la figura de Durruti nos hacíamos.(otro para Lorenzo Silva por supuesto).
    Siento no poder participar ahora mismo con más profundidad en el interesentatísimo debate de estos días.
    Perdón por los errores con respecto a determinados personajes históricos debidos posiblemente por citar de memoria sobre lo leído hace ya tiempo del asunto.

    Una sola puntualización, citando también de memoria y con los fallos que esta procura, de los diversos libros leídos en su día, como "La muerte de Durruti" de Joan Llarch, o los de Mera, García Oliver, Federica Montseny, etc,etc, con las diferetes versiones sobre la muerte destacando como menos inverosimil la del "accidente" de un naranjero que portara el sargento Manzana, creo recordar que en ningún caso nadie de los citados ponía en duda la lealtad de Manzana y del conductor ni del resto de escoltas para con Durruti y el resto del movimiento libertario. Y singularmente si que en varios casos se nombra en alguna conversación no recuerdo con quién el miedo de ser acusado como autor de un atentado por parte del propio Manzana.
    Por lo tanto sí pudiera algún día saberse con certeza si la desaparición y silencio de Manzana se debieron a que realmente se trató de un "infiltrado" de los servicios secretos franquistas, y que el resto de su vida cobró pensión del estado por haber cumplido un encargo de tal calibre,sería un "verdadero bombazo" como descubrimiento histórico, de mayor calibre que el que supuso descubrir la verdadera identidad de Ramón Mercader, años después de que asesinara a Troski y pagara por su delito en una carcel mejicana.

    En todo caso mi enhorabuena al autor de una novela breve pero intensa que no me canso de recomendar y gracias por sus interesantes respuestas.

    Blas amigo, lo de "El gran otoski" me recuerda al protagonista "el nota" de la excelente película de los hermanos Cohen "el gran Lebowski". ¿tan pasado de vueltas me encuentras ultimamente?. Lo de Otoski era más un homenaje a Bukoski o Chinaski con Oto de por medio.

    Un abrazo.

    Otoski

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  4. Estimado Otoski: en efecto, la supuesta deslealtad de Manzana es algo que aún está probar. De hecho, en la novela no surge la duda sobre ella hasta la inquietante coda del final y lo que persigue ese capítulo -que no hace más que recoger una, sólo una, de las tesis que circulan por ahí- con ese final abierto, amén de proporcionar una mera "vuelta de tuerca" literaria, no es más que tratar afianzar la idea del amplísimo espectro de posibilidades sin confirmar que se manejan. Le sugiero que haga un ejercicío de abstracción: recuerde/lea la novela obviando por completo el epílogo, el último capítulo-coda. Lo que le queda entre las manos es lo que, en mi modesta opinión, probablemente se encuentre más cerca de la verdad.

    Yo también escribo rápido y casi sin tiempo. Volveré con más tranquilidad para continuar el apasionante debate.

    Abrazos,
    Pedro de Paz

    PS.- Querido Blas, "botín de guerra", recuerdo de familia o regalo de compañeros de promoción, el miliciano de la foto tenía los "santos cojones" de portarlo. Que es de lo que se trata. :-)

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  5. Hablando de tiempo, no me irriten, pues acabo de perder el comentario que YA había clickado para publicar. Telegráficamente trataré de reproducirlo, justo hablando de tiempo es lo mejor:
    Lo de Gran Otowski, ya sé que suena a esa magnífica peli de los Cohen, pero en absoluto te identifico con el nota de que hablas ni pasado de "revoluciones". Grande te llamo porque el personaje al que me remito es el Leviathan bíblico. Mira tú, un ácrata de carácter y casi hasta de nacimiento, y sale por ahí. Ese monstruo de muchas cabezas conocido como Levhiatan, el gran Otoski, representa a la ¡multitud de lectores! que está guiando mis posts, o sea sakurambo-cerezas, y que me está obligando a desempolvar mis libros de esa juventud en Zaragoza en los locales de la CNT del Coso bajo con ¡antiguos milicianos y sindicalitas!. Otoski, por favor, esta tarde
    quita el polvo a tu nutrida biblioteca libertaria y cuéntanos...
    En cuanto al santísimo Pedro de Paz, no me gustan los agasajos, pero me descubro ante su grandísima calidad no sólo de escritor. En la era de Internet puede que aún abunden los escritores y no sólo escritores encastillados en su torre de Babel. Desde luego no son mis amigos. Como ya dejó escrito Otoski, le exhortamos a una reedición de su novela -revisada y ampliada es él quien debe juzgarlo o no oportuno- con la suerte que se merece. Si con nuestros comentarios contribuimos a ello, mejor que mejor.
    Pedro, en cuanto a la batalla de sombreros que libramos, prosigo, je, je: No es lo mismo poniéndotelo codo a codo con tus compañeros de trinchera, sea una broma o lo que sea, que, ¡precisamente! en la puerta de una checa, más teniendo en cuenta la discreción que habrá de guardar en sus labores de seguimiento.
    Como tampoco añadía nada de interés basta lo recuperado, que sirva, pues, como agradecimiento a ambos.
    /Blas.

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  6. "Este año, 1976, se cumple el cuarenta aniversario de la muerte de uno de los más grandes anarquistas que jamás hayan existido: el leonés Buenaventura Durruti. El 20 de noviembre Durruti contará con más de un recuerdo emocionado.

    I. G. I.

    * Sobre la muerte de Durruti, Antonio Bonilla, hoy día residente en Zaragoza, mantiene una tesis nunca argumentada hasta ahora. En el número 80 del semanario «Posible», el antiguo compañero de Durruti confiesa a Pedro Costa Muste: «No cabe duda de que la bala que mató a Durruti salió del naranjero que portaba Manzana. Pudo ser casual o intencionadamente. Hoy, a la vista de lo que ocurrió después, opto por creer que fue intencionado el disparo». Lo que ocurrió después, según Bonilla, es que Manzana desapareció sin dejar rastro. Manzana se ha mantenido ilocalizable, desde entonces, en algún lugar de México, ignorándose si aún vive."

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  7. pues yo conoci bien a manzana y el murio en mexico en el 73
    no tuvo ninguna pension, estuvo en un campo de concentracion del cual escapo para llegar a mexico las versiones de la traicion son infundadas y con ganas de darle vuelta a algo imaginario si el hubiera matado a durruti le hubiera puesto la bala en la cabeza hay que ser un poco pensantes el era campeon de tiro .

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  8. Sería muy interesante que pudiera dar mas datos sobre los últimos años del exiliado español republicano llamado Manzana. Saber dónde vivió y murió, si tiene descendientes en Méjico o cualquier otro lugar del mundo que puedan aportar algún dato más, diario personal, o cualquier cosa que recuerden haber hablado con su familiar sobre esta asunto o sobre el resto de tiempo que estuvo combatiendo durante la guerra.

    En fin, si puede y tiene ganas no estaría de más que ayudara a esclarecer el asunto, pués es sin duda "la desaparición" para algunos misteriosa de Manzana, lo que lleva a dudar incluso entre los propios anarquistas de su fifura, como se puede apreciar en el comentario que colgué anteriormente y que está sacado de una publicación anarquista de 1976.

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  9. Estimado Anónimo:

    A) Si pretender rebatir su testimonio, el hecho de que en un medio como éste, accesible sin ningún tipo de cortapisa ni comprobación, usted argumente sin aportar datos ni pruebas que conoció a Manzana tiene el mismo valor que el que yo diga que un primo segundo mío por parte de padre fue el que disparó contra Kennedy. Y probablemente mi afirmación tenga algún valor mayor. Al menos, yo refrendo mis afirmaciones con un nombre fácilmente contrastable

    B) Para abogar por la teoría de Manzana como autor de un disparo accidental (que es la más probable), el que fuese campeón de tiro o tornero fresador resulta irrelevante. Si el disparo fue accidental, los accidentes tocan donde tocan. En el pecho, en la barriga o en las piernas... por muy campeón de tiro de precisión que se sea.

    Otoski:

    Uno de las circunstancias que aumenta el misterioso halo de leyenda que rodea a Manzana es precisamente la ausencia de datos sobre sus últimos años de vida, situación propiada en gran medida por el propio Manzana. Se tiene constancia de que, una vez en México, Manzana evitó todo contacto con el gobierno republicano en el exilio y con el resto de correligionarios (de los que México estaba lleno. No olvidemos que fue el único pais que los acogió de ben grado) llegándose incluso a perder su pista por completo y desconocerse el lugar exacto donde falleció. Lo cual no deja de ser, como poco, muy curioso.

    Saludos,
    Pedro de Paz

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  10. manzana murio en el m73 de cancer en la ciudad capital de mexico sigue viva su hija maria 3 nietos y 8 visnietos su muerte fue de cancer .
    llego por veracruz y trabajo en mexico hasta su muerte sin haber contado con ningun tipo de pension y lo que es mas en varias ocaciones visito españa

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  11. El novelista Pedro de Paz me envía esta entrevista que le hacen recientemente sobre la novela. La podéis escuchar aquí: http://ondaexpansiva.net/?p=85

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  12. MARIO ANDRADE MANZANA18 de febrero de 2009, 18:05

    Hola que tal yo si puedo contarles del sargento José manzana vivo. ya que el fue mi abuelo un excelente y cariñoso abuelo y padre, El murió efectiva mente de cancer en el 73 siendo hasta su muerte un exitoso trabajador empresario.
    En cuanto a la muerte de Durruti yo les puedo de dir que efectivamente si hubo un accidente el día de la muerte de durruti únicamente que el accidente no fue de Manzana sino de Durruti que llevaba el naranjero y al caer en forma vertical se le dispara a el. Después del accidente lo llevaron al hospital cuarto 137 donde lo atendió el Dr Santamarìa pasando la noche afuera del cuarto Manzana y la escolta . A las 8.20 entro en estado preagonico y a las 8.45 murió .
    Gusto en saludarles

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  13. Estimado D. Mario:

    Le agradezco mucho su gentileza al tratar de arrojar alguna luz sobre este asunto que nos interesa a tantos y, de ser usted quien dice ser (cuestión que no pongo en duda pero que, como comprenderá, tampoco puedo corroborar), su testimonio podría ser uno de los más válidos que he encontrado al respecto. El “Cómo” (la versión accidental) es algo que los que hemos tratado de acercarnos de una u otra manera a esta cuestión hemos tenido más o menos claro desde siempre. Esa misma versión que usted ofrece en su testimonio es la que aparece en mi novela “El hombre que mató a Durruti”. Las diferencias y las dudas surgen cuando se trata de elucubrar acerca del “Quién” y, sobre todo, de la posible existencia del algún “Porqué” y si el accidente pudo ser simulado o no. Usted defiende que fue a Durruti a quien se le escapó el Naranjero. No tengo pruebas para rebatirle, pero no existe constancia de que Durruti usase jamás ese arma (lo cual no quiere decir que ese día no portase una. Todo es posible). En todo caso, Durruti solía portar ocasionalmente distintos tipos de fusiles y un Colt que llevaba siempre debajo de su zamarra de lo cual hay extensas pruebas fotográficas al respecto, pero, curiosamente, no existe ninguna acerca de un Naranjero, arma que, sin embargo, sí usaba habitualmente su abuelo. Usted dice que fue el propio Durruti. Yo digo que “puede”. Sólo "Puede". Y hasta ahí podemos llegar por el momento.

    Durruti con un Mauser a la espalda (se distingue en la parte baja)
    Durruti disparando un fusil Mauser
    Durruti en el frente de Aragón. En la cintura puede apreciarse la cartuchera de su Colt
    La que se tiene por la última foto de Durruti en vida, en el frente de Madrid

    En cualquier caso, estaría encantado de poder ampliar y contrastar referencias e información con usted, bien por este sistema de comentarios si lo estima oportuno o bien, si prefiere algo más de discreción, por correo electrónico. Puede encontrar mi dirección de contacto en http://www.pedrodepaz.com

    Reciba un cordial saludo,
    Pedro de Paz

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  14. pedro, dejeme decirle que al igual que mario andrade manzana hijo de la hermana de mi mama begona la explicacion que el da es correcta, por otro lado y solo como informacion general no tiene solo una hija tiene dos begona y mary y tiene 6 nietos no 3 ojala esto aclare un poco mas su idea original.nadxelly navarro manzana

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