viernes, 18 de marzo de 2011

Cien años de Gabriel Celaya

Autobiografía.-

No cojas la cuchara con la mano izquierda.
No pongas los codos en la mesa.
Dobla bien la servilleta.
Eso, para empezar.

Extraiga la raíz cuadrada de tres mil trescientos trece.
¿Dónde está Tanganika? ¿Qué año nació Cervantes?
Le pondré un cero en conducta si habla con su compañero.
Eso, para seguir.

¿Le parece a Ud. correcto que un ingeniero haga versos?
La cultura es un adorno y el negocio es el negocio.
Si sigues con esa chica te cerraremos las puertas.
Eso, para vivir.

No seas tan loco. Sé educado. Sé correcto.
No bebas. No fumes. No tosas. No respires
¡Ay sí, no respires! Dar el no a todos los "no"
y descansar: Morir.

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Siempre agradeceré la máxima cortesía de quienes teniendo la voz y la palabra, y todo el talento, al resumir su vida lo hacen comedidamente, con aquellas únicas (palabras) que en su lucidez juzgan necesarias. En su caso, y con toda coherencia además, en verso. Para unir íntimamente la verdad con la belleza. En algún lugar tengo escrito la impresión tan favorable que me produjo en su día la lectura de la breve autobiografía de David Hume. Luego, entiendan que deteste a aquellos otros que no nos ahorran el yo omnipresente en cualquiera de sus vertidos. Para Gabriel Celaya (que además también era Rafael Juan Múgica Leceta) las experiencias personales transcendían el yo, se fundían en arquetipos. "Somos animales históricos; en cada uno de nosotros está implícito no sólo nuestro pasado, sino el pasado entero de la humanidad".

No quería despedir el día, ya que vino a este mundo podrido el 18 de marzo de hace 100 años, sin recordar el valor de su ejemplo y poesía. Pocas son las personas, por desgracia, que merecen un seguimiento atento de su obra. Resulta más sorprendente que nos lo burlen con superlativa morralla de todo género del presente, cada vez más efímero, más interesadamente abrumador. No discernimos el grano de la paja, y así nos va.

"Repitámoslo. Recémoslo: Nadie es nadie. Busquemos nuestra salvación en la obra común. Pesemos nuestra responsabilidad. Sintamos cómo al replegarnos sobre nosotros mismos nuestra inanidad nos angustia, y cómo al entregarnos, al ser para los otros, al ser en los otros y al participar a compás en la edificación general del futuro, el corazón se nos ensancha, el pulso nos trabaja, la vida canta y somos por fin, a todo voltaje, hombres enteros y verdaderos. Salvémonos así, aquí, ahora mismo, en la acción que nos conjunta. No seamos poetas que aullan como perros solitarios en la noche del crimen. Carguemos con el fardo y echémonos animosamente a los caminos matinales que ilumina la esperanza."

Son sus palabras para el que quiera escucharlas.

1 comentario:

  1. Me ha emocionado maestro...
    Grande Celaya.

    Un abrazo.
    Antonio Ortiz

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