domingo, 10 de abril de 2011

"Aquello era una República"




Hoy, parte de los jóvenes, cosa que me parece muy bien, muestran su rechazo al sistema con las banderas republicanas. Ahora bien, reconocido lo saludable de lo primero y lo segundo al menos estéticamente, en cambio, esto último corre el riesgo de mitificar en exceso aquella forma de gobierno, que aunque racional y democráticamente más justa no es en sí la panacea en que algunos quisieran creer invocando su advenimiento. En concreto, a los jóvenes no les iba a solucionar ninguno de sus acuciantes problemas y lo morado de su enseña podría por el momento coincidir unívocamente con la promesa de que las van a seguir pasando moradas, de cara a su futuro y a un virtual presente emancipador.
Sin entrar en detalles evidentes de que existen monarquías mucho más ejemplares que tantísimas repúblicas actuales, lo cierto es que desde la última restauración borbónica la única conspiración republicana habida corrió a cuenta de tipos como Ansón y la cuadrilla de El Mundo, que de haber seguido adelante, mediante campaña difamatoria ex profeso contra el monarca reinante, tal vez nos hubiera deparado la horrible sorpresa de ver a Aznar como primer presidente de la deseada III República.
Quiero con esto recordar, que la República afecta a la forma de gobierno, pero no predetermina para nada su contenido. La 2ª República, a pesar de su conocidísimo primer artículo
España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia...
conoció un giro involucionario que la neutralizó, y fue precisamente en manos de Lerroux, un ardiente republicano finisecular, heredero de Ruiz Zorrilla, como se entregó la efigie alada de pecho desnudo y gorro frigio a las derechas y a la corrupción.
Y esto debería retrotraernos a la instauración de la primera y sus circunstancias. Sobrevino porque la inmoralidad de la monarquía isabelina era tal que hasta su amante más destacado, Serrano, el general bonito, la traicionó firmando en primer lugar el manifiesto de la España con honra, estandarte de la revolución de 1868. Con un lenguaje propio de aquellos próceres expresaba:
Queremos que las causas que influyen en las resoluciones supremas, las podamos decir en alta voz delante de nuestras madres, de nuestras esposas y de nuestras hijas.

Así que la reinona isabelona se fue con esas causas inconfesables al destierro y aquí se inició una transición en busca de mejor rey. Prim, que aparece en el dibujo de portada, subastó la corona devaluada, que fue a parar a cabeza más preparada: la de Amadeo de Saboya.
Conviene hacer este inciso histórico, ya que pasaron cosas criminales, que solo el paso del tiempo ha permitido saber su alcance. ¡Vamos, como siempre!
A militar tan valiente y político regenerador único como Prim se lo cargaron. La causa que se instruyó, no de manera casual se perdió. Hace tiempo que sabemos que ese general bonito (Serrano) que seguía ocupando los resortes del poder tuvo mucho que ver, puesto que temía que todo su pasado, a pesar de cambiar de bando, en manos honestas saldría a flote. Él fue el inductor del atentado de Prim, en el trayecto que iba de la salida del Congreso a su domicilio en el barrio de Chueca en la calle que hoy lleva su nombre.
Resultado: el nuevo rey, se lo pensó dos veces y se piró, por lo visto, no necesitaba tanto la corona para mejorar su fortuna como los funestos borbones. Y así llegó la primera república, porque no quedaba otra. Duró poco, pero menos sus muchos presidentes y el caos des-reinante. Otra guerra carlista, más la cubana, otra cantonalista-surrealista*, etc. (¿Han leído Mr. Witt en el cantón? Es de lo mejor de Ramón J. Sender). Luego, en la distancia han quedado también mitificados algunos de ellos, como es el caso de Nicolás Salmerón, cuyo epitafio reza: aquí yace un hombre que dimitió por no firmar una condena de muerte (cito de memoria). La verdad es que se inhibió de encauzar ese caos, y que fruto de su dejadez, tomó las riendas Castelar, otro que tal baila, con una oratoria floripondia tan del gusto popular como añeja, y que bajo su mando tomó a caballo el Parlamento el general Pavía, (más de cien años después ya sin caballo Tejero le imitó). ¿Quién presidía el Congreso? Pues el mismo Nicolás Salmerón.
No es de extrañar que después de tamaño sobresalto, donde por cierto, al pueblo ni se le esperaba, ni apareció, vueltos los borbones otros tantos años más, el término república apareciera tenebroso y diabólico, y asociado a conjuraciones de delincuentes. Tanto es así que durante muchos años para hablar de una casa desordenada y anárquica se decía que "aquello era una República". No puedo omitir, y menos por cuanto llevo dicho, que a pesar del desaguisado, sus presidentes Figueras, Pi y Margall o el citado Salmerón fueron personas de gran altura moral, y en el caso del federalista Pi y Margall, aún de mayor altura intelectual. Ocurría que la situación requería otro tipo de talentos. ¿Se entiende? Lo mismo pasó con la segunda, en especial, con su presidente Azaña, hoy tan mitificado.
No es de extrañar tampoco que Cánovas, alma mater de aquel régimen y del actual, no tuviera ninguna fe en el pueblo español y dispusiera el turnismo de los partidos (oligarquía y caciquismo), régimen alternativo vigente de la carne y el cuchillo bajo otras formas igual de corruptas y clientelares. Lo cual ha contribuido a que hasta la fecha en España no haya prosperado una verdadera nación, sino "una serie de tribus selváticas", como con amargura constataba desde el exilio el eminente jurista Ossorio y Gallardo.
Quiero terminar por estas fechas de abril , como ya es casi costumbre por mi parte, con un recuerdo para el pueblo gitano. Y con unas coplas republicanas. Amigo Alfredo Grimaldos, va por ti. Después de leer tu inmejorable y única (por cierto, un sencillo adjetivo que en esta líneas estoy repitiendo mucho) Historia social del flamenco. Riego se mereció esas buenas coplas de arte flamenco que recoges en el libro, pero para la triste historia contemporánea de este país inauguró la moda de los pronunciamientos militares, cuyos frutos, más de 160 años después, llegan hasta ese 23-F del tricornio nombrado, que contra lo que piensa la mayoría triunfó, y la prueba está en que los pueblos súbditos de este reino siguen bajo la bota militar coronada y sus habitantes tan ignorados como los de entonces.

Aún cantan por Cádiz por seguiriyas, como si el ajusticiamiento de Riego fuese ayer, los discípulos de Antonio Mairena:
Er día que en capilla
metieron a Riego,
los suspiritos que daban sus tropas
llegaban ar sielo.
Aquel día tan grande
que Riego murió,
se le cayeron e ducas las alas
a mi corazón.
Mataron a Riego,
ya Riego murió,
cómo se viste de negrito luto
toa la nasión.
Termin con un fandango de Corruco de Algeciras, posteriormente fallecido durante la guerra civil, como recuerda Alfredo Grimaldos.
Lleva una franja morá.
triunfante nuestra bandera,
lleva una franja morá,
la conquistó España entera:
por Hernández y Galán
rompió España sus cadenas.
Aclaro. Pienso en que más malas que las breves repúblicas fueron los borboneos precedentes. La descomposición gubernamental de la época isabelina ("Nadie ha acabado con ella, ha muerto por sí misma. Nadie trae la República, la traen las circunstancias"-Castelar dixit); los pasteleos alfonsinos, que van desde prescindir del político más capaz, Maura, para poner en su lugar a los llamados "idóneos", hasta cohabitar luego con un dictador; el descrédito de la clase política juancarlista y el abismo cada vez mayor con respecto a los gobernados pueden deparar nuevas sorpresas. Desde luego las 4 familias y media que siguen siendo las dueñas de estos pagos tampoco ayudan nada para vestir al régimen con un mínimo de decencia. La sempiterna siesta del pueblo español (en este caso, sirva solo de metáfora política: cada vez el pueblo duerme menos, cobra menos, pero trabaja más) puede tener un brusco despestar. Al tiempo.
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* Por no alargar demasiado el artículo con disquisiciones históricas he omitido ejemplos claros de ese surrealismo. Vistos los comentarios que este post ha provocado en el diario digital del amigo Errazkin, lo haré próximamente. Traslado aquí mientras esos comentarios.
Adelanto algo: el proyecto cantonalista, hasta fuera mejor que el federalista, no diré que no, pero estuvo salpicado de tales desprópositos que su praxis distó mucho de ser benéfica.

2 comentarios:

  1. Entrañable Blas, como el famoso Mirabrás que cantaba don Enrique Morente y que a buen seguro tiene su origen en los remotos tiempos de los que habla tu artículo:

    " A mí no me importa

    Que un rey me culpe,

    Si el pueblo es grande y me abona,

    Voz del pueblo, voz del cielo.

    Y viva la verdad que son las obras,

    Con el “mirabrás”

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  2. cosa que no se saben pero que si se publicaran al pueblo,seguro que no las creerian

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